El presupuesto de la Generalitat aprobado en abril en el Parlament es el primer proyecto realmente modificado desde el presupuesto del 2017, dado que desde entonces no se había logrado una mayoría parlamentaria que aprobara uno nuevo y se había prorrogado. Las cuentas de JxCat y ERC, validadas con la abstención de Catalunya-EnComú Podemos, fueron presentadas como un gran avance en el gasto público. En efecto, introducían un incremento de 3.000 millones de euros frente a los de 2017.
La partida destinada al Departament de Cultura también incrementó de forma notable. Después de cinco años con una inversión prevista estabilizada en torno a los 250 millones de euros, las cuentas aprobadas en el Parlament prevén un gasto del Departament de Cultura de 303 millones, según los datos del aplicativo Presupuestos Abiertos del Departament de la Vicepresidencia y de Economía y Hacienda.
A pesar del crecimiento, de 20 puntos porcentuales respecto al presupuesto definitivo de cultura para el 2019, la partida destinada al sector continúa jugando un papel muy escaso en el total del gasto previsto por el gobierno catalán. De hecho, y teniendo en cuenta que el presupuesto aprobado en el Parlament contempla una inversión total de 42.179 millones de euros, la partida destinada al Departament de Cultura representa un 0,71%.
El gasto aún no habrá superado los valores previos a la gran recorte presupuestario de 2014
Además, hay que tener en cuenta que la cifra mencionada incluye también los gastos de administración y servicios generales -correspondiente al funcionariado que trabaja en este ámbito ya los gastos que se derivan- ya la promoción de la lengua catalana. La concepción del catalán como herramienta cultural, además del hecho de que algunas de las partidas benefician sectores de las industrias culturales como el cine, hacen que la partida vaya al departamento ahora dirigido por Ángela Ponsa.
Si se obvian las aportaciones a la promoción del catalán y las derivadas de la administración que trabaja en el Departament de Cultura, la partida estrictamente destinada al sector cultural es de unos 240 millones de euros, un 0,50% del presupuesto total aunque representa un notable incremento del 24,8% respecto del año anterior.
«Es irrisorio tildarlo de aumento en el contexto de la pandemia», resume Isabel Vidal, portavoz de la plataforma Actua Cultura que hace casi un año que pide una dedicación del 2% del presupuesto al sector cultural. Joan Santaugini, vocal de la junta de la Associació de Tècnics de l’Espectacle de Catalunya (ATEC), recuerda que a nivel estatal la actividad cultural representa cerca del 3% del PIB y cree que «lo más justo sería que nos devolvieran lo que aportamos. Actualmente está muy por debajo de lo que sería justo y necesario, y más para un sector que está muy tocado en estos momentos «, dice.
Bien esencial infrafinanciado y prohibido
Representantes sindicales del mundo cultural ven como la escasa inversión presupuestaria contrasta con la defensa de la cultura que hace la propia Generalitat. El Gobierno declaró «la cultura un bien esencial» el pasado 22 de septiembre. «La situación excepcional de pandemia ha hecho evidente que la cultura y sus expresiones han sido fundamentales para poder afrontar las situaciones de aislamiento. Se ha constatado que la cultura se convertía en un bien esencial también para interconectarnos entre las personas», defiende la nota emitida por el ejecutivo catalán.
Fuentes del sector, sin embargo, ven discordancia entre la declaración y la realidad, donde el gasto no ha recuperado los valores previos al recorte de 2014 y donde las restricciones para el control de la pandemia prohíben todo acto cultural. «Ha servido de poco. Somos el único bien esencial en toda España que está cerrando. No podemos entender que se tomen estas medidas con inconsistencia de argumentos», protesta Vidal.
«Hemos hecho las cosas bien. No ha habido casi ningún brote en actos culturales y si al mismo tiempo se nos considera bien esencial, debería ser un sector con actividad permitida», entiende Santaugini. «Hemos hecho esfuerzos cerrando y también cuando podíamos abrir. Y cuando dicen que la socialización que hay en la calle después del acto es el problema mientras se mantienen actos sociales en el trabajo que son mucho más mayoritarios, no lo compartimos y nos enfada», añade la portavoz de Actua Cultura.
Todas las fuentes consultadas consideran que el mundo cultural ha cumplido, de forma muy mayoritaria, con las normas impuestas y no entienden por qué deben cesar toda la actividad. «No dejas de cuestionarte por qué nosotros sí y a otros sectores no les pasa lo mismo. Lo recibimos con impotencia, rabia y al final con resignación», explica Àlex Casanovas, presidente de la Associació d’Actors i Directors Professionals de Catalunya (AADPC).
«Hay una precariedad y una indefensión muy generalizada. Hay gente que no se puede acoger al paro porque en 2019 no trabajaron ni veinte días»
La contradicción aumenta cuando se ven otros actos multitudinarios, como la misa en la Sagrada Familia de Barcelona con cientos de asistentes. «Creemos que no se basan en criterios claros. Les es más fácil cerrar que no ver qué medidas aplicar. A veces se olvida que detrás de la cultura hay mucha gente que trabaja y vive de ella», dice en este sentido Santaugini.
Una novedad de las últimas semanas, los tests rápidos de antígenos, se han visto como una oportunidad para reanudar actividades deportivas o culturales, en tanto que el resultado es cuestión de minutos. Àlex Casanovas considera que «tener más garantías de trabajar con seguridad es bueno y todo lo que facilite la seguridad es positivo». «Hacer las pruebas a los artistas y la gente de atrás del escenario de forma recurrente sería bueno», apunta.
Albert Costa, portavoz del Sindicat de Músic Activistes de Catalunya (SMAC!), es escéptico y pregunta retóricamente: «Las macetas se harán a toda la población? En cada puesto de trabajo? En cada medio de transporte público? Siempre ponemos más medidas a la cultura cuando ya teníamos un nivel de medidas altísimo. No lo entiendo. O todos o nadie».
Coincide la portavoz de Actua Cultura: «Se estigmatiza una actividad con la que todo el mundo se llena la boca diciendo que es esencial. Es como decir que lo que haces en una sala de concierto es mucho peor de lo que puedes hacer en un metro, cuando las salas de concierto ya han tomado las medidas», reflexiona al tiempo que recuerda que el precio sería muy difícil de asumir, tanto por compañías como por parte del público. «La ciudadanía necesita actividades seguras en su tiempo libre sin acumularse en espacios naturales. Hay que darles opciones culturales donde haya un control», añade Vidal.
Gasto real inferior a la presupuestada
Los trámites de aprobación de los presupuestos son largos y complejos. Además, su ejecución no suele ser muy exacta con lo previsto. De hecho, en la última década, ningún año el presupuesto realmente ejecutado ha llegado a lo que se había aprobado en el Parlament o prorrogado en caso de no haber unas cuentas renovados.
Como se aprecia en el gráfico, ninguno de los años desde el 2010 la ejecución ha llegado a ser la presupuestada definitivamente. En algunos años ha estado muy cerca de igualar la cifra, pero el 2013, por ejemplo, no superó el 68%. Esto implica que la inversión que el sector cultural considera insuficiente acaba siendo, en términos reales, notablemente inferior si no se ejecuta de forma total.
Cabe decir que en 2020 todo indica que la cifra realmente ejecutada será cercana a la prevista en los presupuestos. En septiembre, último mes del que hay datos, el Departament de la Vicepresidencia y de Economía y Hacienda calculaba que el Departament de Cultura sólo le restaba un 8,77% del presupuesto pendiente de ejecución. Sólo Salud (0,72%) y Territorio y Sostenibilidad (7,52%) cuentan con menos saldo disponible para terminar el año.
De todas formas, y asumiendo que la conselleria de Ponsa consume los 303 millones presupuestados, el gasto aún no habrá superado los valores previos a la gran recorte presupuestario de 2014 y en la efectiva, en términos de ejecución, de los años previos. Hay que remontarse a 2010, con 374 presupuestados y 333 ejecutados, para encontrar un panorama mejor al previsto para este año. Así las cosas, la inversión actual aún no ha recuperado los valores previos a los recortes derivados de la crisis económica del 2008 en adelante.
Un centenar de euros por habitante
39,8 euros por habitante es la inversión prevista en términos de cultura por parte de la Generalitat. El dato, resultante de dividir los 303 millones de euros presupuestados para el 2020 entre el total de la población de Catalunya, queda muy lejos del gasto por habitante de otros países del entorno europeo.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que, tanto en España como a todos los demás, la cultura se financia desde los gobiernos centrales y municipales y en algunos casos también los regionales. Un análisis de la doctora Anna Villarroya publicado por la propia Generalitat cerca del 60% de la inversión se hacen desde el ámbito local, el 24% llega desde los gobiernos autonómicos y el 15% restante del invierte el Estado.
Una vez hecha la suma, los datos muestran que el gasto medio en cultura por habitante en España es baja en comparación con otros vecinos. De nuevo Villarroya encontró que en 2014 se habían invertido 314 € por ciudadano en Dinamarca, 254 € en Francia, 193 en los Países Bajos o 135 € en Irlanda. La de España, de 101 € por habitante, es similar a la italiana y británica (93 €) y superior a la de Portugal (44 €) o Grecia (18 €).
Con todo, datos de Eurostat revelan que España se encuentra ligeramente por encima de la media europea en cuanto a parte porcentual del gasto destinado a «servicios culturales, difusión y servicios de publicación». Con datos de 2018, el 1,1% del gasto español iba destinada a estos bienes, mientras que la media de la eurozona fue del 1%. Encabezaban la lista Letonia (2,8%), Hungría (2,7%) e Islandia (2,5) y la cerraban Italia y Portugal (0,6%), Chipre (0,5%) y Grecia (0, 3%).
Albert Costa, portavoz del SMAC!, continúa viendo los datos españoles muy insuficientes. «Con un 0,7% de los presupuestos es imposible dignificar la cultura de este país, pero no es algo sólo de la Generalidad. En la infografía de los presupuestos del Estado la cultura ni aparece. Es la importancia que le dan a la cultura los gobiernos de este Estado y este país», critica.
Ayudas insuficientes
Las fuentes consultadas también consideran que las ayudas que se les ofrecen son insuficientes para paliar los efectos del poco financiación pública y de las restricciones derivadas de la pandemia. «Sólo tapan algunos agujeros. Individualmente están bien, pero si ves la cantidad de autónomos del país, es una cifra muy, muy insuficiente «, dice Casanovas en referencia a la criticada línea de ayudas a trabajadores autónomos . «Esperamos que los destinados a artistas puedan acoger a la mayor cantidad de gente posible y que sirva para parar el golpe», dice.
«Si sanitariamente aconseja cerrar, que vaya acompañado de unas ayudas y un rescate real a los trabajadores que viven de ello. La cosa empieza a ser bastante grave para muchas familias «, defiende Santaugini. En efecto, hay trabajadores del mundo cultural que hace meses que no han podido cotizar ni un solo día. «Hay una precariedad y una indefensión muy generalizada», resume Casanovas, que explica que «hay gente que no se puede acoger al paro porque en 2019 no trabajaron ni veinte días».
En este sentido, Albert Costa amplía la mirada: «La falta de respeto a los derechos laborales en el mundo de la cultura nos ha llevado a la situación en que nos encontramos». Concuerda Santaugini: «Hay un fuerte desconocimiento de cómo funciona el sector. Es un mundo desorganizado, donde muchas veces no se firman contratos mercantiles, con contrataciones por obra y servicios con poca antelación. Muchos trabajadores no reciben las ayudas para las cancelaciones».
El portavoz del SMAC!, Costa, ataca contra el gobierno español: «Criticamos mucho la Generalitat, para que sus ayudas son completamente insuficientes, pero al menos hacen algo. Que el SEPE [servicio estatal] esté colapsado ocho meses después es una decisión política, porque si quieres solucionar lo haces», asegura.
Ante la crítica situación, los afectados ven primordial crear una mesa interdepartamental «donde se siente todo el mundo para solucionar todos los temas», defiende Santaugini. Albert Costa, por su parte, defiende: «Hay un plan de mirada larga para la reconstrucción del mundo cultural cuando termine la pandemia. O hay un plan consensuado con una mesa de trabajo interdepartamental o no podremos avanzar a una salida».

