María Salvo, mujer psuquera y «mujer del 36», irradiaba fuerza, serenidad, sabiduría y alegría, a la vez que compartía su experiencia de lucha. Sus cien años de vida han sido una vitamina de vitalidad y lucidez.
«Mi espíritu sigue siendo fiel a la generación que jugó un papel tan importante en la guerra. Que el recuerdo de aquella juventud sea estímulo para eliminar las desigualdades, que la libertad y la paz no sean nunca una utopía», estas palabras de María sintetizan la tarea a la que se entregó a lo largo de su vida.
Nacida el 27 de mayo de 1920 en el barrio de la Creu Alta de Sabadell, hija de una criada y de un carpintero ebanista, cuando tenía 7 años se traslada con su familia a Barcelona, que se hace cargo de una portería en la calle de Balmes, en el Eixample. A los trece años deja la escuela para hacer de portera, también trabaja de costurera y planchadora. En 1935 entra a militar en las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña (JSUC), y al estallar la guerra civil, siendo militante de UGT, trabaja en un taller de ropa colectivizado por los sindicatos UGT y CNT. En 1938 es nombrada secretaria de propaganda del Comité de Barcelona de la JSUC.
Con el estallido de la guerra civil comienza una larga etapa de exilio, resistencia, detenciones y torturas en las cárceles. Así, el 29 de enero de 1939 marcha al exilio y es encarcelada en los campos de Le Pouliguen y Moisdon-la Rivière en la Bretaña, Francia, hasta noviembre de 1939, que fue entregada a la Guardia Civil en Bilbao.
Ella sigue en la lucha clandestina del PSUC y el 26 de octubre de 1941 es detenida en Madrid por actividades clandestinas y acusada de «conspirar contra el Estado». Es encerrada en la prisión de Les Corts de Barcelona, donde es torturada de tal forma que no pudo ser madre. En 1943 es trasladada a la prisión de Predicadores de Zaragoza y después a la cárcel de Las Ventas de Madrid. En febrero de 1946 es condenada a treinta años de prisión, pasando la mayor parte del tiempo en la cárcel de Segovia, y los últimos años, hasta el 16 de abril de 1957, en la cárcel de Alcalá de Henares. Fueron dieciséis años de prisión.
Ese mismo año 1957 es desterrada a Santander, pero vuelve clandestinamente en Barcelona donde milita activamente en el PSUC y en el movimiento feminista. Al salir de la cárcel, rehará su vida junto a Domènec Serra, antiguo compañero de lucha y de militancia en el PSUC. Ya en democracia, fue presidenta de la Asociació Catalana de Ex-presos Polítics del Franquisme, fundadora de la Associació de dones del 36 y miembro de Dones de la presó de Les Corts. Fue reconocida recibiendo varios galardones.
Con estas asociaciones, Maria Salvo iba por los institutos, universidades, centros culturales… explicando a las nuevas generaciones, y en especial a las chicas, como lucharon durante la II República para alcanzar los derechos políticos para las mujeres, los que perdieron durante la guerra civil y fueron recuperados con el retorno de la democracia a partir del año 1977; así como la importancia de la Memoria Histórica, dando a conocer con su testimonio que significó para ellas, mujeres de la guerra civil, la posguerra, el exilio, la cárcel, la lucha clandestina, los campos de concentración. María, del encarcelamiento siempre destacaba la experiencia de comunidad de las presas políticas.
Las palabras que pronunció en el acto memorial en el Liceu de Barcelona, cuando era presidenta de la Associació Catalana de Ex-Presos Polítics, expresa esta importancia del legado de la Memoria Histórica: «Conocer y difundir la historia no es garantía de que los desastres no se repitan, pero contribuye a consolidar y profundizar la cultura democrática, una ética del esfuerzo colectivo, de la libertad y de la paz. Queremos que este sea nuestro legado y por esta razón proponemos a la administración catalana la creación del Memorial Democrático. Un legado del conocimiento que haga ciudadanos civilmente más sabios y por tanto más libres».


1 comentari
Muy buen artículo. Gracias por escribir sobre las defensoras de la memoria colectiva, en tiempos donde nos quieren imponer amnesias. Me quedo con esta frase: «(…) que la libertad y la paz no sean nunca una utopía».