Durante los días del puente de la Inmaculada he leído, en paralelo, dos libros que me han despertado sentimientos contradictorios, confirmaciones de algunas intuiciones que ya tenía y recuerdos de momentos vividos intensamente. Por un lado, el magnífico y indispensable libro de Jordi Amat El fill del xofer y, por el otro, el de Isidre Molas Quan tot ens semblava possible, un libro también excepcional para comprender nuestra historia más reciente.
El libro de Jordi Amat nos muestra, a través de la biografía de Alfons Quintà, los bajos fondos de la política catalana y, en especial, del mundo convergente, con las figuras de Jordi Pujol y Lluís Prenafeta al frente y sus alianzas con personas como Piqué Vidal, Macià Alavedra, Javier de la Rosa y otros, personajes que configuraron un poder oculto, casi mafioso, que gobernó Catalunya durante las décadas de los 80 y 90, y que los haría millonarios. Uno de los males de Catalunya, y que en parte explica lo que estamos viviendo ahora y hoy, es el hecho de que, al inicio de nuestro autogobierno, algunos de los máximos personajes que nos gobernarían provenían del mundo de los negocios, de la banca, gente rica, acostumbrada a las comisiones ilegales, el dinero negro, a las cuentas ocultas.
Envueltos en la bandera, crearon una cultura que corrompió las instituciones catalanas hasta unos límites que ahora estamos descubriendo. Este libro es indispensable para entender lo que hemos vivido, para comprender determinadas proclamas y sentimientos que han incidido en las vivencias de la gente. Es un libro que me ha herido por dentro porque, si bien ya intuía la magnitud de la corrupción del mundo convergente, no me imaginaba que fuera de tales dimensiones, ni con una falta tan grande de escrúpulos, sin lugar a la moral.
Leyendo la biografía de Alfons Quintà -impecable, sensible y muy bien documentada- descubrimos un mercenario de la comunicación -no es el único que conocemos-, competente, trabajador, raro, ambicioso, neurótico, agresor sexual y amoral, que se ofrece al poder convergente en determinados momentos de nuestra historia más reciente. Y así vamos siguiendo determinados episodios de no hace mucho: el caso Banca Catalana, el nacimiento de TV3, la consolidación del poder convergente y el liderazgo absoluto de Jordi Pujol, las bambalinas y las cloacas que manejaba el todopoderoso Lluís Prenafeta, secretario general de la Presidencia, el asunto del edificio CNL (Consorcio Nacional de Leasing), Javier de la Rosa -empresario modélico según Pujol- y Gran Tibidabo, el diario Observador y la batalla contra La Vanguardia, las relaciones con el poder madrileño que llevó a Jordi Pujol a ser nominado “el español del año”, Colón de Carvajal, Tipel… Siguiendo la vida de Alfons Quintà encontramos, repito, los bajos fondos de veinte años de poder convergente hasta un punto que el mercenario enloquece aún más y pasa a ser un martillo contra el mismo poder; eso sí, en medios de menor vuelo y con poca proyección.
Hay muchos aspectos del libro sobre los que me gustaría profundizar, pero en particular hay dos temas que quisiera preguntarme, y tal vez, convendría preguntarnos todos nosotros.
El primero, ¿cómo fue posible que Pujol y Prenafeta llegaran a unas cotas de impunidad tan y tan grandes? ¿Qué hacíamos la oposición? ¿Qué hacía la prensa? ¿Qué hacía la sociedad civil? ¿Cómo llegamos a ese nivel de omertà (o ley del silencio)? ¿El inicio del autogobierno lo permitía todo? El debate sobre esta realidad es necesario para poder mirarnos a nosotros mismos y comprender en parte lo que ahora estamos viviendo.
El segundo aspecto es el que más me ha turbado: Amat explica toda la movilización del día de la segunda investidura de Jordi Pujol en 1984, cuando apareció su posible inculpación en el caso Banca Catalana. Son famosas sus imágenes -que contaron con el gran apoyo de la TV3 de Alfonso Quintana – contra el gobierno de Felipe González y el PSC, promoviendo el nacimiento de un movimiento populista en torno a su persona, probablemente para presionar el poder judicial ante su más que probable imputación en operaciones ilícitas, como ya apuntaban los periodistas Jaume Reixach, Siscu Baiges y Enric González en un libro sobre Banca Catalana que fue censurado previamente. Este episodio que viví con particular vergüenza e, incluso, con miedo, me obliga a preguntarme: ¿no tiene determinadas similitudes con la respuesta de Artur Mas cuando apoyó -siempre de acuerdo con TV3- la primera gran manifestación del 11 de septiembre del 2010? ¿Quería también tapar las vergüenzas de los casos de corrupción de CiU y los recortes del presupuesto público?
El inicio del Procés comienza con la politizada, desproporcionada y nefasta sentencia del Tribunal Constitucional. Sí, sin duda, pero coge vuelo con Artur Mas como presidente de la Generalitat, cuando pone todo el aparato de la Generalitat y sus redes al servicio de una movilización popular, con TV3 al frente (no lo dejaré nunca de repetir), para luchar contra un Estado, decían, que nos robaba, expoliaba y explotaba. ¿Aquella movilización no tenía otras razones ocultas, como pasó en 1984?
En fin, el libro de Amat me ha entristecido, desolado e, incluso, me ha dejado un sentimiento amargo y de vergüenza personal y en parte colectiva. No he dejado de preguntarme durante la lectura del libro: ¿Dónde estábamos? ¿Por qué callamos? Sí, porque todos los que estábamos comprometidos en política, en la oposición, algo conocíamos, intuíamos, pero, o bien nos sentíamos impotentes y amenazados, o bien decidimos mirar hacia otro lado. Sí, nosotros tenemos también una parte de culpa por nuestros silencios.
Con todo, pensando más en el futuro de nuestro pobre y desorientado país, quisiera insistir en el valor catártico del libro pues no deja de ser esperanzador que en la Catalunya de hoy alguien escriba un texto como este que pone la sociedad catalana ante el espejo.
Isidre Molas y otra Catalunya
El segundo libro es todo lo contrario. Nos muestra otra Catalunya, otras élites, dos décadas anteriores. Nos narra en primera persona, la historia de una generación de jóvenes catalanes provenientes de familias mayoritariamente burguesas que llegaron a la Universidad hacia los años 60 y que progresivamente se politizan en contra del régimen franquista y al servicio del socialismo.
Isidre Molas, uno de los líderes históricos del PSC y que, junto con Raimon Obiols, han sido los dos pensadores socialistas más importantes que han dado solidez y espesor al proyecto del PSC, nos cuenta, en este libro, Quan tot ens semblava possible, los prolegómenos del socialismo catalán. A través de sus años universitarios en la Facultad de Derecho de la Universitat de Barcelona, de su detención e ingreso la cárcel de Soria, del servicio militar en Canarias, de sus primeros trabajos editoriales y académicas, nos cuenta la creación de los núcleos clandestinos, y perseguidos con contundencia por los servicios represores del estado franquista, de jóvenes universitarios, muchos de ellos provenientes de movimientos católicos, que siguiendo las olas progresistas de los años 60 constituirían nuevos partidos y asociaciones de matriz socialista -lejos del partido comunista – que, casi veinte años más tarde, se encontrarían en la creación del PSC.
A lo largo de su libro, encontramos el origen de diversas formaciones clandestinas y, de manera muy especial, el FOC (Frente Obrero Catalán) asociado al FLP (Frente de Liberación Popular) de manera federal, que agrupó un número muy significativo de jóvenes universitarios. Este grupo, más otros provenientes especialmente del Movimiento Socialista de Catalunya y de grupos de independientes de raíz católica y sindical, estuvieron en la base de la creación del PSC y, décadas más tarde, asumirían el poder socialista en Catalunya y en España, después de la transición democrática de la década de los 80. Pasqual Maragall, Narcís Serra, Raimon Obiols, Joan Raventós, Jordi Solé Tura, José Ignacio Urenda, Francisco Casares, Alfonso Carlos Comín, José Antonio González Casanovas, Daniel Cando, Josep Maria Vegara, José-Antonio García-Duran, Jaume Bertran, Jesús Salvador, Manuel Garriga, Manel Royes, entre otros.
Es el retrato de una generación que abrazó un indefinido y radical socialismo de matriz marxista, como marcaban los aires de la época, al servicio de la liberación de la clase obrera y del combate contra la dictadura franquista. Una generación que se comprometió en la recuperación del catalán, pero alejado del «nacionalismo catalán burgués», como se recuerda en algún momento del libro. Los aires progresistas de la época están marcados por el Mayo francés del 68, por la primavera de Praga y el socialismo con rostro humano de Ducbek, por la revuelta contra la guerra de Vietnam, por el apoyo a la revolución cubana y los movimientos guerrilleros del Che Guevara. Una izquierda socialista radical alejada, en general, del marxismo-leninismo soviético, con sectores fascinados por el trotskismo, por el modelo de socialismo «autogestionario» de una Yugoslavia líder del Movimiento de Países No Alineados, por la victoria del FNA de Argelia, identificada con un indefinido socialismo que recogía las voluntades de cambio social, de justicia y libertad.
Isidre Molas, además de acercarnos al ambiente de la época y de explicarnos las aspiraciones y esperanzas de toda una generación, nos regala la semejanza en profundidad de algunos de los protagonistas más importantes del socialismo catalán más reciente: perfiles muy interesantes de Francisco Casares, de Joan Raventós, de Raimon Obiols, de Pasqual Maragall, de José Ignacio Urenda (poco conocido por el gran público, pero indispensable en la formación de la idiosincrasia y fortaleza moral del PSC), de Jordi Solé Tura, de Josep Maria Vegara, de José Antonio González Casanovas, entre otros.
Toda esta información se convierte en indispensable para entender no sólo el PSC, sino también para comprender la historia más reciente de Catalunya. El libro termina en 1978 con el nacimiento del PSC y, como muy bien dice el autor, con «el inicio de otra historia». Espero que Isidre Molas nos haga el regalo de continuar con la otra historia.
La última parte del libro es fundamental para comprender el PSC, y el grosor que aún mantiene, especialmente por las referencias que hace al grupo clandestino Convergència Socialista de Catalunya (CSC), que acogió diferentes sensibilidades socialistas de procedencia intelectual, catalanista , católica y universitaria, y que se inició en 1975. Isidre Molas, junto con Raimon Obiols y Joan Raventós, se encuentran en la base del nacimiento de CSC, que luego se fusionaría con la Federación Catalana del PSOE y de aquí nacería el PSC-PSOE. Yo siempre he pensado que CSC tuvo un papel esencial en el carácter ético, abierto y catalanista del PSC que hemos conocido.
Sé que el título de este artículo no se corresponde con lo que he descrito hasta aquí: es solo un reclamo al hipotético lector para que se interese por los dos libros que he comentado. Lo sé. Pero, aunque los libros se sitúan en décadas diferentes, sí puedo afirmar que relatan dos Catalunyas bien distintas y dos generaciones motivadas por valores diferentes. Isidre Molas no fue nunca el fill del xofer, sino el intelectual que fue abriendo camino a un socialismo gradualista los años 70 y que ya en la década de los 80 abrazaría el Estado del Bienestar y el modelo socialdemócrata, sin nunca renunciar a construir aquella Ciutat Llunyana, siempre imperfecta al servicio de la libertad y la justicia.
En definitiva, dos libros que expresan dos realidades paralelas muy diferentes: una, que renuncia a los valores, obsesionada con el éxito a cualquier precio, y la otra, basada en la defensa de los valores inseparables de libertad y justicia social en una carrera de fondo, de largo recorrido.

