He acabado escribiendo esta columna porque me he dado cuenta de que mi experiencia de ser una «guiri» no es ningún tipo de sueño paranoico. Me he integrado bastante bien, soy fan de las tradiciones y la idiosincrasia local, así que me siento relativamente bien situada para comentar sobre la intersección entre «guiri» y local.
De acuerdo, no hablo catalán con fluidez, pero puedo pedir un cortado tan bueno como ellos.
Además, soy una «guiri» excepcionalmente anodina, el arquetipo de residente guiri, una profesora de inglés. El mínimo común denominador, y como he descrito en ediciones anteriores, me siento increíblemente frustrada por la etiqueta, la unidimensionalidad de la misma, el arrebatamiento general de mi identidad, y mis subsecuentes sentimientos de ser borrada. He tenido que reflexionar mucho sobre de donde proviene mi incomodidad y no siempre me han gustado las respuestas, y aquí mi ignorancia e incontinencia imperial seguro ha jugado un papel clave. También he llegado a creer que para las mujeres la mofa y deshumanización implícita del «guiri» contiene un elemento siniestro y quiero discutir aquí.
Empezaré diciendo que los problemas dentro de la cultura de citas heterosexual son bastante universales, y no creo que ninguna cultura o nacionalidad a ambos lados del Atlántico esté en una posición moral aventajada para señalar con el dedo a la otra. Las mujeres están sometidas a un montón de conductas problemáticas en la cultura de citas, del mansplaining a ser ignoradas, de microagresiones y pasadas de la raya, a gaslighting y acoso sexual en toda regla. Las herramientas que se utilizan para subyugarnos dentro del reino del sexo casual y las citas, donde la positividad sexual ha sido adoptada por los hombres heterosexuales de izquierdas para predicar sobre la inherente liberación del BDSM, aunque particulares a cada individuo, aún mantienen las reglas generales del patriarcado. Creo que la manera específica en la que estos poderes patriarcales son ejercidos sobre mí incluyen la etiqueta «guiri»? Sí, lo creo. Creo que algunos de los hombres que habitualmente se presentan a sí mismos como aliados de las mujeres usan el término «guiri», conscientemente o no, para aliviar un poco la misoginia a la que creen tener derecho? Sí, lo creo. Quizás es para tomarse un descanso de tanto ser un «buen tío» sin sentir demasiado remordimiento. Un «guiri» puede ser un compartimento seguro, un espacio de liberación catártico para continuar tratando «a tus» con respeto.
Recuerdo una de las primeras citas que tuve; habíamos hecho match a tener y después de charlar un poco quedamos para encontrarnos en Gracia. La conversación online había fluido bien y ardía de emoción por tener nuevas conversaciones, con gente nueva, en un lugar nuevo. Alerta, spoiler: fue una mala cita y en gran parte por motivos obvios, pero sea paciente. El muchacho llegó y entreví La Ética Protestante de Max Weber metido en su bolsillo, yo esperaba encarecidamente que no fuera un accesorio para sacar tema durante la cita… pero está claro que lo era. La primera vez que hizo un gesto hacia el libro le hice saber que yo también la había leído. Entonces él procedió a hojear deliberadamente las páginas que había leído hasta el momento, aparentemente sólo la primera parte del libro, un poco más allá de la introducción, y arrancó a exponerme detalladamente su hipótesis y principales argumentos. Volví a mencionar que me encantaba el libro, que lo había leído y estudiado. Ningún tipo de reconocimiento, así que me di por vencida mientras la conversación continuaba. Cuando el tema giró de nuevo hacia Weber me sentí irritada de que ni una pregunta hubiera dirigido hacia mí en treinta minutos, así que mi ego decidió afirmarse en toda su fría gloria y dominancia. «Oye, estoy muy contenta de que este libro te haya causado tal impresión; tengo másters en teoría social y política, a lo mejor podría señalarte en la dirección de material parecido al que te interesa». Fue barato, pero necesario y gratificante. Mi espina dorsal se enderezó y me sentía dos o tres centímetros más alta sobre la silla. Aun así, todavía no me había hecho a mi nueva altura que él cerró los ojos, fijó la mirada en mí y llanamente y con confianza articuló, «Creo que hay muchos problemas en el feminismo moderno». Oh, ¿qué sabes tú? Bueno, no pude ocultar una mirada de escepticismo, él la captó y dejó caer que debía pensar que era un ‘machista’, mientras reía como si aquello fuera absurdo. No pesqué la broma, no tenemos una traducción para machista en inglés y no habría encontrado gracioso que alguien me tomara presuntament por sexista o algo peor.
Nada más terminar mi bebida, me disculpé amablemente para irme. Él se levantó de un salto y se ofreció a acompañarme hasta casa, por mucho que protestara no me podía deshacer. Era tan directo y seguro de sí mismo que me dejó sin munición para responder -yo sólo quería marcharme. Caminamos juntos y yo seguía intentando irme por mi cuenta pero nada funcionaba. Insistió en acompañarme a casa y se autoinvitó a subir a mi piso. Le dije que no era bienvenido, esta vez no esperé una respuesta y entré en el edificio. Al llegar a la habitación ya había recibido una serie de WhatsApp cabreados diciendo que ya sabía que todos los ‘guiris’ eran racistas y que por eso no les daban una oportunidad a los hombres mediterráneos. Prueba que la cita había tenido sólo una cara es que ni había escuchado que mi padre es griego y que por tanto cuento como medio mediterránea. Supongo que debía ser algún tipo de diversión para él y no cumplí, vaya con la guiri. No puedo decir que me trataran peor por ser de fuera que si hubiera sido de aquí, no querría decir esto tampoco. Pero me gustaría prestar atención a la forma que toma la respuesta. ¿Por qué era relevante en su rechazo el hecho de que yo fuera ‘guiri’, y por qué me han de recordar que soy ‘guiri’ en este contexto? Era gaslighting antes de que tuviera una palabra para describirlo (de nuevo, 2016). Yo era racista porque no lo quería en mi casa, y una ‘guiri’ según mi comportamiento. Iría tan lejos como para decir que el trasfondo lo era, ya lo puedes hacer mejor la próxima vez para encajar.
Todas mis citas después de esa fueron bastante mal, fueron aburridas y frías. Encontrarse en una esquina y caminar para encontrar una terraza con sillas de metal y tomar una caña en el exterior en febrero, no es el mejor plan. En una iteración de la conversación de portal que tuve con otro chico, me dijo concretamente,’Lily, es 2019 ‘, como para alentarme a la verdadera liberación sexual a través de la satisfacción de su libido aquella noche. Una vez me gustó uno, era simpatizante de la CUP y me hablaba de independencia y justicia y democracia y sus vacaciones de verano en Malgrat de Mar. Creía que hacíamos buena pareja, pero estaba equivocada, con el tiempo me di cuenta que las preguntas que me hacía durante las citas eran sólo porque yo añadiese el chiste final.
Si has leído esta columna antes, estarás acostumbrado a que hable de cómo de extraño que es el concepto de ser ‘guiri’, y la desgastando experiencia de descubrir que lo representas, quieras o no. Me gustaría reremarcar ello aquí en el contexto de conocer gente nueva en una nueva ciudad. Una y otra vez la parte ‘guiri’ de mí ha sido puesta de relieve, chicas americanas vs chicas inglesas, por qué encuentro ‘necesario’ llevar una falda corta. No somos vistas de manera seria al igual que no somos vistas como algo permanente. Llevamos demasiado maquillaje, no tenemos cultura, somos llamativas y vulgares. Para ser honesta, este quisquilloso juicio me ha hecho sentir grande y fea como un animal de zoológico o el monstruo de Frankenstein. Es más, estoy bastante segura que nuestras sociedades han superado este juicio constante sobre el comportamiento y cuerpo de las mujeres. Creo que algunas de estas mismas personas nunca habrían considerado decir algo así a sus colegas, y les sorprendería escuchar una que los explicara haber vivido una experiencia similar. He pasado buenos momentos aquí con personas de otras culturas, algo de flirteo, un poco de amor, un poco de diversión. Cuando ponía al día a mis amigos catalanes y les explicaba que estaba viendome con alguien nuevo, me decían con tono de mofa, ¿otro argentino? Bueno, sí… ¿Aún no has conseguido atrapar un catalán? Bueno, no … Sus preguntas traicionaban su opinión ‘está claro que no tonta guiri, eres divertida, pero no eres lo suficientemente buena’.
Empiezas a verlo más y más. Desgraciadamente algunas dinámicas de clases particulares de inglés son similares a las citas (tóxicas). La idea de que las ‘guiris’ pueden ser excitantes y de un solo uso va más allá del contexto de las citas. A menudo no puedo pensar en un mejor ejemplo que cuando estaba enseñando en casa un alumno. Solía dar la clase conjuntamente a él y a su esposa y un día ella no estaba. *Carles me propuso hacer la clase en el sofá en lugar de la mesa como era habitual. No estaba muy cómoda, pero entonces todavía me paralizaba el no-montes-una-escena, así que pregunté por su esposa *Lara. Él contestó diciendo que ella estaba durmiendo en la habitación y que él podría estar teniendo sexo allí conmigo y ella no se despertaría. Sus ojos estaban llenos de placer en poder decir aquello dentro de aquel espacio tan pequeño y dejarlo flotando en el ambiente durante lo que restaba de clase. Era una profesora sin ningún tipo de autoridad en ese ambiente, y se me recordó que era una ‘guiri’ y que, si quería, podía ser utilizada.
Lo veo en la calle. Mis amigos alucinan cuando les cuento que me he sentido decir «puta inglesa, go home!» más de una vez. No estoy segura de que esas mismas personas le llamaran esto a un chaval de 1’80 de Wigan, noroeste de Inglaterra. Por otra parte, no sé de qué se sorprende la gente cuando ya sabemos la teoría; si está generalmente aceptado clasificar y reírse de una parte de la población, ¿qué pasa con los miembros más vulnerables de este grupo? Cualquier comentario deshumanizante puede ser peligroso en cierto contexto, la broma se puede ir de las manos. ¿Y si los «guiris» no son nunca plenamente reconocidos como parte de una comunidad compartida, aunque sea un poco de solidaridad para con ellos? Estoy segura que si puede ser dicho puede ser hecho, pero, ¿y qué sucede cuando los «guiris» son invisibilizados?, ¿qué puede pasar entonces?

