
Estas cifras, y las nuevas medidas de cierre de estas dos comarcas, ponen en evidencia una concepción por parte del gobierno del territorio rural como gran torre de veraneo de los privilegiados de la ciudad.
El hecho de haber atendido las reclamaciones de los empresarios que viven del turismo, y permitir que los residentes y visitantes se pudieran mover libremente en medio de una pandemia que nunca ha dado muestras de recular, pone de manifiesto que la Generalitat ningunea la población que vive en estas zonas del país.
Preocupados únicamente por la economía que se alimenta del turismo, el gobierno catalán no ha impulsado medidas que puedan contrarrestar los efectos negativos de la movilidad, como sería la dotación de los recursos realmente necesarios para centros de atención primaria y para los dos hospitales de referencia de las comarcas afectadas, por la Cerdaña lo gran escaparate transfronterizo de Puigcerdá, y el abandonado hospital de Campdevànol por el Ripollès.
Más allá de las pistas de esquí y las masías rurales, en la Catalunya rural viven abuelos, padres, y tíos que comerán los turrones añorando los parientes de la ciudad.

