MABS significa ‘contento’ en árabe. Y contentos, alegres y encantados es como han quedado los niños y niñas de la escuela La Pau de Barcelona después de ver el espectáculo que la compañía de payasos Mabsutins ha celebrado en el patio. Denguito, Birutilla, Fúfur y Peixoixo han cautivado los pequeños con un número de malabares, música en directo y persecuciones alocadas por el escenario, mientras los pequeños espectadores reían, bailaban, cantaban y aplaudían en una mañana de un jueves cualquiera que se ha convertido en especial.
Este show forma parte del proyecto Somriurevirus, impulsado desde Payasos Sin Fronteras (PSF), que promueve una gira con diferentes compañías de payasos por varios centros escolares de máxima complejidad. Hay programada una cuarentena de espectáculos, durante el mes de marzo y la primera quincena de abril, en 14 centros diferentes, 10 de los cuales se encuentran en Barcelona. Así, el objetivo de Somriurevirus es llenar los patios de las escuelas de risas y magia y «ofrecer apoyo emocional a los niños y niñas que se han visto más afectados por la pandemia y las restricciones», según explican desde la ONG.
La escuela La Pau es uno de estos centros situados en zonas complejas de grandes núcleos urbanos. Acogido por el barrio barcelonés La Pau y La Verneda, el centro está rodeado de altos edificios estilo ‘enjambre’ que acogen decenas de viviendas. Desde algunos de ellos, algunas vecinas y vecinos miran el espectáculo de los Mabsutins, apoyados en las barandillas de sus balcones. Este es uno de los 16 barrios de Barcelona que cuentan con una renta considerada «muy baja», según datos previos al Covid. Hoy, la pandemia ha doblado la diferencia de renta familiar entre los barrios más ricos y más pobres de la ciudad .
«La situación es complicada; hemos visto que han aumentado el número de solicitudes de becas y de familias que acuden a los comedores sociales», explica Sonia Burgués, directora del centro La Pau. El confinamiento no ha sido fácil para los alumnos de esta escuela: «en muchos hogares vive más de una familia y los niños se dan cuenta de que algo no va bien y sufren», añade. Es por ello que la escuela recibió con tanto entusiasmo la propuesta de Payasos Sin Fronteras de celebrar un espectáculo en el patio para todos los niños de primaria e infantil.

Sonrisas a través de las mascarillas
«Todos los niños y niñas tienen el derecho y la necesidad de reír, gritar, jugar y pasarlo bien», explican los Mabsutins, quien añaden que los niños que participan de la gira Somriurevirus enseguida se animan y participan. A medida que avanzaba el espectáculo, los culos se despegan de las sillas y algunos bailan, otros se estrella de risa y unos pocos se quedan asombrados, con los ojos como platos. «Todos necesitamos la risa para escapar de una realidad problemática pero, en el caso de los niños, también lo necesitan para volver a sentirse niños», explican.
Esta compañía de cuatro payasos pronto cumplirá 10 años. Se conocieron en el Líbano, actuando en una expedición de Payasos Sin Fronteras y desde entonces, la química sobre el escenario los ha llevado a recorrer medio mundo de la mano de la ONG. La compañía ha pasado por varios países de África, Latinoamérica y Oriente Próximo, así como para diferentes campos de refugiados. «Hemos estado en muchas zonas de conflicto o destrozadas por catástrofes ambientales y la risa siempre es necesaria. Y, aunque la situación sea diferente, también es necesario ahora que, a raíz de la pandemia, muchas familias de estas escuelas están pasando carencias», explican los payasos.
«No los vemos, pero sabemos que detrás de las mascarillas hay sonrisas», asegura Sonia Burgués. Sonrisas que son muy preciadas y valiosas en estos momentos. Sonrisas, también, que perduran. «El resultado de nuestros espectáculos es inmediato pero permanece. Durante los próximos días jugarán con bromas extraídas del espectáculo, lo explicarán a los padres y lo comentarán», dicen los Mabsutins, quien añaden que «para muchos de estos niños y niñas es la primera vez que ven actuar un payaso».
Y es que, aparte de arrancar sonrisas, el objetivo de la gira Somriurevirus es acercar la cultura a los niños de familias en riesgo de exclusión. «Muchos niños y niñas provienen de hogares en las que el capital cultural es bajo y aún más bajo es el capital económico, lo que hace que muchos de ellos no vayan al teatro, el cine o al circo», explican desde PSF. La directora del centro, Sonia Burgués, lo corrobora y asegura que «muchos niños y niñas tienen pocas experiencias culturales fuera de la escuela». Por eso, disfrutar de los payasos en el patio, de manera gratuita y acompañados, aunque en la distancia, de los alumnos de otros cursos que hacía meses que no veían, es «una experiencia que no tiene precio».

Readaptando por la pandemia
Hace 28 años que Payasos Sin Fronteras trabaja extendiendo una sonrisa en la cara de niños y adultos de zonas de conflicto en todo el mundo. Sus espectáculos han ayudado a reabrir escuelas o paliar los efectos del estrés postraumático a millones de personas pero, este año, sus misiones internacionales han tenido que parar por la pandemia. Es por eso que decidieron impulsar una acción más local, ayudando a aquellos que tienen más cerca. Y eso también significa ayudar al sector de la cultura catalán.
El cierre de salas de teatro, espectáculos y ocio ha dejado dañado muchos y muchas artistas. Por este motivo, excepcionalmente, PSF remunera las actuaciones que realizan sus payasos, que siempre han sido voluntarios. Todo ello se ha financiado con dinero del fondo de maniobra de la ONG, que llegan para pagar la cuarentena de espectáculos que tienen programados. Pero les gustaría llegar más lejos y por eso piden donativos o aportaciones para poder extender el virus de la sonrisa.

