Hace diez años que las historiadoras y docentes Rosa Toran y Cèlia Cañellas se pusieron manos a la obra a una búsqueda amplia sobre la educación pública en la ciudad de Barcelona. La capital catalana se empezó a escolarizar el siglo XX, un siglo con innumerables cambios sociales, económicos y políticos. El Museo de Historia de Barcelona (MUHBA) se puso en contacto con estas dos mujeres para iniciar una colaboración que vio la luz en plena pandemia, en forma de un libro de 500 páginas llamado Escolarizar Barcelona: La enseñanza pública en la ciudad, 1900-1979.
El objetivo de este libro es ver cómo el trasiego político y social afecta la escuela barcelonesa, que no llegaba a asistir, ni mucho menos, a todos los niños de la ciudad y que marcaba fuertes fronteras entre la enseñanza pública y la privada. Pero, al mismo tiempo, el documento quiere analizar qué efecto tiene la proliferación de centros escolares en la configuración social y urbana de la ciudad. Para hacer esto fue imprescindible sumergirse en los archivos del Departament d’Ensenyament para saberlo todo, desde las escuelas de Goday hasta las del principio de la democracia, pasando por la escuela republicana y el nacionalcatolicismo del franquismo.
Esta búsqueda las llevó a un hallazgo que conforma la segunda parte del libro, que deja la investigación historiográfica en segundo plano y se centra en la historia humana. Toran y Cañellas centran su análisis en dos centros, uno de primaria y uno de secundaria, de barrios muy diferentes y momentos diferentes. La escuela Baixeras, en Ciutat Vella, era un centro del Patronato, mientras que los institutos Infanta Isabel y Juan de Austria eran centros de un barrio en construcción como la Verneda, inaugurados en los años del desarrollismo por el mismo dictador. Las historiadoras entrevistaron todos los alumnos que terminaron su formación en estos centros para estudiar el ascensor social que supuso para ellos esta escolarización y qué recuerdo tienen de sus años de alumnos. Todo ello conforma uno de los relatos más completos de la escuela del siglo XX en Barcelona.
Hacéis un repaso histórico de 80 años, que se dice rápido
Celia Cañellas (CC): Ya hay bastantes libros de lo que significó la renovación pedagógica en Barcelona, que se centran en algunas escuelas concretas, como la Escola del Mar, la Escola del Bosc…
Muchas veces se habla de estas escuelas, que son obra del arquitecto Josep Goday, como si fueran de la República, pero en realidad son anteriores. Con la República llegan una serie de escuelas nuevas que no son tan espectaculares arquitectónicamente, pero que destacan por sus contenidos pedagógicos. Después, durante la guerra civil, llegaron las escuelas del CENU de las cuales Mariona Ribalta y Enriqueta Fonquerni han hecho trabajos muy interesantes.
Llega un momento que, haciendo la investigación, nos encontramos con una documentación que no esperábamos. En una estantería del archivo del Departament d’Ensenyament, sin inventariar, encontramos datos sobre la enseñanza primaria en Barcelona desde los años 40 hasta finales de los 60. Esto nos abrió los ojos, porque no se había hecho esta tarea de investigación con el franquismo. Vimos complementar esta información con la disponible en el Archivo Municipal Contemporáneo, que nos permite hacer una panorámica de cómo la ciudad se va dotando de unos centros públicos, de más o menos calidad. Esto fue un paso adelante en la lucha por evitar que hubiera niños en la calle. Ahora lo olvidemos, pero hubo una época en que muchas criaturas no iban a la escuela: llegó a haber 30.000 niños sin escuela en Barcelona. Y, muchos de los que estaban, agolpaban de mala manera en las pequeñas estancias de la escuela privada. Esta fue una realidad hasta, prácticamente, los años 70.
Llegó a haber 30.000 niños sin escuela en Barcelona. Y, muchos de los que estaban, se amontonaban de mala manera en las pequeñas estancias de la escuela privada

¿Estos nuevos centros escolares vinieron acompañados de políticas que incentiven la escolarización?
Rosa Toran (RT): Depende de las épocas. Durante los primeros años de la dictadura, hasta los años 60, la escuela pública es totalmente minoritaria y degradada pero, a raíz de la avalancha migratoria, se produce un cambio: se tuvieron que instalar los recién llegados a las periferias de las ciudades y se generó una demanda que se intentó solucionar con una construcción acelerada de escuelas.
CC: La escuela pública durante el franquismo era considerada una escuela de pobres y no merecía un interés especial por parte de las instituciones y, por tanto, la creación de escuelas se pensaba más desde una perspectiva cuantitativa que no cualitativa. Ahora bien, las que fueron escuelas públicas del Patronato Escolar durante la República eran diferentes. Hubo una depuración muy estricta de maestros al inicio de la dictadura: muchos fueron fuertemente sancionados, sobre todo los que tenían historial político o sindical, y muchos tuvieron que marchar al exilio. Pero hay un montón de maestros de las escuelas del Patronato que gracias a tener buenos avales de la iglesia, pudieron pasar las depuraciones.
Uno de los casos más paradigmáticos es el del director de la Escuela del Mar, Pere Vergés, que siguió trabajando aunque fue encarcelado más acabada la guerra. Mientras estos maestros, que fueron muy importantes para las escuelas municipales, siguen trabajando, estas escuelas tienen una enseñanza de calidad. Pero cuando se jubilan, la cosa cambia.
¿Cuándo fue eso? ¿Hacia los años 50 y 60?
CC: Sí. Esto coincidió también con un momento en que las familias piden que la escolarización obligatoria se alargue, porque ya no necesitan enviar a sus hijos e hijas a trabajar. Cuando esta demanda se hace generalizada, también se pide más calidad que las familias, al igual que el capitalismo español, necesitaba jóvenes formados para afrontar los cambios económicos derivados de la secundarización y terciarización de la economía. El punto de inflexión llega en 1970, con una nueva normativa que dice que todas las criaturas deben estar escolarizadas obligatoriamente hasta los 14 años y que es el Estado quien debe asumir que esta enseñanza llegue a todos. Esto vuelve a estimular la creación de nuevas escuelas que, además, se harán diferentes, porque la ley exigía que los centros tuvieran bibliotecas, gimnasios, laboratorios y otros equipamientos que las escuelas que se construían deprisa no tenían.
RT: La mayoría de niños y niñas que terminan en estas escuelas provienen de los colegios particulares, que estaban en manos de la iglesia y daban formación a las clases populares en condiciones muy infradotadas. También había escuelas que dependían de las parroquias, que tenían un carácter más benéfico que no educativo. Entrar en estos centros significa un gran paso adelante para las clases populares que, hasta entonces, la oferta escolar de calidad venía de la mano de las grandes escuelas religiosas, bien dotadas y destinadas a las clases medias y otros.
La iglesia fue importante para garantizar el derecho a la escolarización. Pero, ¿qué influencia tuvo en las aulas?
CC: El año 39 se vuelven a abrir las escuelas, ya con una doctrina nacionalcatólica. Pero la historia nunca se pasa del blanco al negro directamente, siempre hay grises. En las entrevistas que hicimos a los alumnos, la mayoría recuerda que una de las pocas diferencias que encontraron cuando volvieron a las aulas es que la maestra había cambiado el catalán por el castellano. Los docentes se tuvieron que adaptar a la situación: estaban asustados por las depuraciones, de las que no saben los resultados hasta el 1941. Hablan en castellano y rezan a toda pastilla. Si han de poner fotos de Franco en las aulas, las ponen. Si tienen que cantar antes de entrar en el aula, cantan. Durante esos primeros años, la transición al nacionalcatolicismo fue progresiva; no fue hasta que estos maestros se jubilan y llegan nuevos docentes, ya educados en el franquismo, que el paradigma cambia.
RT: Lo que sí supuso un cambio notable fue la entrada de las organizaciones falangistas dentro de la escuela, porque instauraron un cierto militarismo. Usaban los niños y niñas como comparsas a las celebraciones nacionales, exhibiéndose los para decir, de alguna manera, que se había acabado el laicismo. Pero también había una parte de la iglesia, muy ligada a los cambios que hay en los años 60 después del Concilio Vaticano, que se quiere acercar a la clase obrera. En ese momento, monjas y curas empiezan a montar pequeñas escuelas en zonas de las ciudades donde no había centros.
La mayoría de familias aceptaban las consignas, las canciones y los desfiles de la escuela franquista porque poder acceder a un centro público de calidad les compensaba
¿Qué recuerdo tienen los maestros, los alumnos y las familias de ese cambio en las aulas?
RT: Tanto los maestros que provenían de la escuela republicana como para las familias, aquello era un peaje que había que pagar. Y, según la situación personal de cada uno, este peaje era más o menos farragoso. La mayoría de familias aceptaban las consignas, las canciones y los desfiles porque poder ir a una escuela pública de calidad les compensaba. La mayoría de alumnos que entrevistamos por el libro no tienen mal recuerdo de sus profesores durante el franquismo; ni siquiera de aquellos que impartían Formación del Espíritu Nacional.

Algunos de quienes estudiaron magisterio durante el franquismo se convirtieron en maestros en democracia. ¿Cómo fue aquella transición?
RT: Para hablar de eso hay que hablar del cambio en las universidades, que dejan de ser exclusivas para las clases dirigentes y las familias franquistas de pura raíz, y abren la puerta a estudiantes de clases más populares. Muchos de estos fueron quienes nutrirían el ejército de interinos, como es nuestro caso particular. Además, poco a poco, los institutos se verían llenos de maestros muy jóvenes, que ya no estarían marcados por el nacionalcatolicismo y que introducirían nuevas metodologías pedagógicas, con más espacio para la experimentación y una enseñanza más positivista.
CC: Como decíamos, a la historia raramente hay cambios radicales. En los años 60, hubo un movimiento de familias cultas de la burguesía catalana leída, que pedían otra escuela por sus hijos, que no fuera religiosa. Montaron cooperativas e hicieron una renovación pedagógica que dio pie a grupos como Rosa Sensat . Los jóvenes que, en aquella época, se estaban sacando la carrera de magisterio en un sistema nacionalcatólico y conservador, asisten a cursos de Rosa Sensat y, cuando muere Franco, ya tienen interiorizado el germen de una nueva escuela.
Su búsqueda se basa, en parte, en las entrevistas que hicisteis a los alumnos. ¿Tuvo dificultades para encontrar la documentación para encontrarlos y contactarlos?
CC: Estuvimos más de un año esperando que el Departamento de Enseñanza nos diera permiso para acceder a sus archivos. Nos hizo falta un informe jurídico en el que el MUHBA constatara que necesitaban aquellos archivos para hacer la investigación. En aquellos documentos había nombres de personas que ahora son conocidas y que, por ejemplo, tienen una significación política de izquierdas y sacaron excelentes en Formación del Espíritu Nacional . Aquel informe jurídico básicamente era para asentar la confidencialidad y jurar que no haríamos lavadero. Finalmente, pudimos acceder a los archivos del Departamento; tienen uno en la Vía Augusta, que está inventariado, y otro a los sótanos del Instituto Ernest Lluch, que no lo está. Acceder a este último fue el más problemático.
Había profesores que eran el ogro del centro, pero algunos alumnos explican como aquel hombre, aunque suspendía todos, les abrió la mente de manera extraordinaria
¿Qué destacaría de las entrevistas que hicisteis con los alumnos?
CC: Fue muy interesante y muy generoso por parte de los entrevistados el hecho de que no pusieran obstáculos a la hora de explicar la historia de sus familias. Por eso lo llamamos ‘relatos de escolarización’, porque aquellas conversaciones no hablan sólo de los alumnos entrevistados, sino de donde viene la familia, qué nivel educativo tenía y como ellos acaban teniendo una buena educación secundaria que les permite acceder a buenas salidas profesionales. Somos conscientes de que estas entrevistas no son representativas de toda una generación, entre otras cosas, porque sólo entrevistamos los alumnos que llegaron hasta COU. Nos dejamos un sinfín de personas.
Otra cosa que nos hizo mucha ilusión, como docentes jubiladas que somos, es que la opinión sobre el profesorado no era homogénea. Había profesores que eran el ogro del centro, pero algunos alumnos explican como aquel hombre, aunque suspendía a todos, les abrió la mente de manera extraordinaria.
RT: Otra cosa de las entrevistas que tiene mucho valor es que muestra que hay vida más allá del centro. Aquellos nuevos institutos transformaron su entorno, su barrio. La socialización que generaban los centros iba más allá de las aulas. Abrieron papelerías, granjas y librerías que antes no estaban. Se montaron grupos en las parroquias de los barrios. Esta es la idea que había en la génesis del libro: ver cómo los centros son un elemento importantísimo de transformación de los barrios. Una escuela o instituto podía cambiar un descampado lleno de chozas en un espacio de socialización.


1 comentari
Buenas.
En 1973 cursé 3° de EGB en el colegio Isaac Peral de Zona Franca o Can Tunis, no sé exactamente.
¿ Àlguien tiene información al respecto de ese colegio?
Pués me gustaría saber que fué de él y donde estaba ubicado.
Por mas que busco no encuentro ninguna referencia.
Muchas gracias.