Hay muchos factores fascinantes en lo detectivesco de un paseo, pero esta vez dos se coronan. El primero es todo el laberinto creado por las pesquisas, hasta encajar varias piezas, en parte gracias a una puerta abierta por @Meridiana2021, un clásico en nuestro recorrido por Navas, su barrio 63, y ahora en esta fronteras(s) entre el Camp de l’Arpa y el Clot.
El segundo son las conclusiones. Quería empezar las Barcelonas de hoy con la importancia del punto de vista. Hablaba la semana pasada de ese cuarteto de secundarias de la Meridiana. La reforma de la avenida provoca que el peatón se centralice mucho en la parte de en medio, más ancha, con vegetación, kindergarten, folre i manilles. A ambos lados de la misma, los arbustos tapan los laterales, como si diera vergüenza ver los coches o algo así, aunque quizá es una trama acústica y decorativa. Si observamos la Meridiana desde Glorias basta con ir a las páginas de muchos proyectos municipales y ver esa mezcla de verde, personas paseando muy felices, gris de fondo y los inmuebles del lugar.
Aquí esto se reproduce, de manera ejemplar. Si me pongo en modo indignado manifestaré mi enfado por ocultar el carrer Meridional, más invisible si cabe por ser un cul-de-sac, cuestión a remediar según historiadores, vecinos y hasta quien escribe, pues detrás del muro está el Rec Comtal y la posibilidad de dar al barrio un jardín pedagógico y una magnífica infraestructura comunitaria. Así, el Meridional se resarciría de tanto menosprecio, con su paroxismo cuando desde 1964 soportó ser el acceso a las escaleras del puente hasta la casa del Fotógrafo Gambús, alfa y omega hasta ahora poco o nada valorado.

Si adopto una postura más sarcástica, ponderaré el ridículo cuando miras arriba y el bloque de la Caja de Ahorros de Sagnier hijo se eleva hasta empequeñecer la osadía de esos arbolitos.
El carrer Meridional es una de las mayores rarezas de este entorno. Al principio, me costó localizar las pistas, pues su nombre se cerraba en sí mismo, además de no querer ningún tipo de focos, casi anónimo en los documentos habituales entre mapas, hemerotecas, la Gaceta Municipal o el archivo.
En el nomenclátor, muchas veces erróneo, aparecían dos referencias. Los terrenos fueron propiedad de Francesc Milans i Carbonell hasta 1843, cuando los adquirió Francesc Coll i Carbonell. Este apellido me derivó a una tal Dolors Coll i Masó, seductora por los datos de cada carpeta, obcecándome por lo redactado por el escriba municipal, quien para rubricar la nota termina con aquello de cómo el capricho determina el bautizo de las calles, es decir, lo de Meridional fue un porque sí, sin más.

La señora Coll debió ser la hija de Francesc, pero por los planos no intervino en el carrer Meridional, sino en la manzana de la discordia, o la armonía, de la casa del Fotógrafo Gambús, si bien eso fue en la decadencia de sus conflictos con el Ayuntamiento, fuera este de Barcelona o de Sant Marti de Provençals. En 1878 se declaraba poseedora de tierras entre la calle Bogatell, la actual Rogent, y el Rec Comtal y casi exigía urbanizar como dios manda el recorrido del homónimo torrente para conectar con más garantías ambas partes del barrio, el Clot y el Camp de l’Arpa.
Coll se esfuma en 1916, tras reservarse el derecho a riego de las segregaciones de sus piezas de tierra. Sus litigios con los municipios tienen un ángulo muy fundamental y casi imperceptible: la Meridiana aún es irrelevante en el tablero, tanto en lo trazado como en la mentalidad de los terratenientes. El Rec Comtal, la riera de Bogatell y el carrer d’Enamorats, cuya continuación era Bofarull, se llevaban la palma como trilogía de ejes.

Es lógico hilvanar Meridional y Meridiana. Hace poco leí, creo recordar en el blog de Enric H. March, como esta última se veía a finales del siglo XIX como un pedazo campestre con vías del tren y poco más, un área poco colonizada y muy a lo Eduardo Mendoza en la Ciudad de los prodigios, cuando Onofre Bouvila encarece su parcela del Eixample al tender los raíles del tranvía, retirados tras lucrarse con el asunto.
El ferrocarril del Norte podía augurar una trascendencia a la Meridiana, concebida en el tiralíneas de Cerdá. De hecho, la lanzadera de @Meridiana2021 resume cómo deshilachaba el hilo, liberándome de Dolors Coll para progresar hacia la resolución.
Tras sacar fotos del carrer Meridional, escribí a este amigo a su cuenta de Twitter, mandándome dos enlaces del archivo municipal. Josep Costa era, cosas de la época, y su credo José Costa Torras, pero esto sólo lo supe al volver a casa y consultar esa información tan bien digitalizada.
La fecha de despegue es 1879, cuando, en unos terrenos de su propiedad, pide construir un pasaje entre la Meridiana y el Rec Comtal. Ese mismo año, junto a otros señores de los aledaños, quien sabe si Dolors Coll, se implica en la construcción de un puente sobre una derivación del Rec. Antes de focalizarme en Costa, había leído sobre este puente en una noticia de La Vanguardia del domingo 9 de junio de 1907, donde un tal señor Marsá pide la construcción de una pared en los márgenes del Rec Comtal en el extremo de la Rambla Meridiana, además de solicitar bancos para la misma. Para la calle Meridional reclama “la instalación de mecheros incandescentes, el lenguaje se metamorfosea que es una barbaridad, y que se recomponga la barandilla del puente del Rec Comtal al final de este callejón sin salida”, poco a poco dignificado y con muchos elementos apreciables. Me encanta su hilera de casas, otra trampa desde el catastro, útil aunque no siempre fidedigno, y su 1910, como si fueran viviendas modernistas; en eso no cuadraba ni el estilo ni en otro pilar de todo el embrollo, la forma de la calle y la presencia del Rec, diáfano para quien tenga un poco de ojo urbano, y ese doble bloqueo, uno de ellos con un horizonte vetado por un muro entre dos hemisferios. Si se unieran, a veces derribar es positivo, el Meridional mutaría, incrementándose su tejido patrimonial a potenciar desde lo pedagógico, ya desprovisto de su doble muralla.

Pero nos queda José Costa Torras. 1879 y tener un pasaje en la nada, eso sí, cobijado por tener otras parcelas, como una en el Rec con el antiguo Bogatell. Vivía en Clot 75, luego lo haría en el 11 de la Sèquia Comtal, y alegaba merecer el permiso por haber cedido con anterioridad los metros donde se ubicaría la fuente de la plaza del Comercio del Clot, Font i Sagué desde marzo de 1915.
¿Tenía alguna estrategia en todo? En un mapa de 1891 es como si quisiera apuntalar poco más de un cuarto de manzana, de la Sèquia Comtal a Meridional, con mucha ambición por la abundancia de líquido elemento.

José Costa Torras era del partido monárquico liberal. Su biografía es como la calle, raquítica en su arqueología documental. Las casas son de 1882, y no gravitaban sobre la Meridiana, sino con el Rec Comtal y la proximidad del carrer del Clot. Cosas de estar entre dos tierras, y así proseguirá la canción.


1 comentari
Interessant troballa d’article del Carrer Meridional. Allà i van viure els meus avis, els meus pares i jo fins als 10 anys amb el meu germà. El meu pare també hi ha treballar al mateix carrer més de 30 anys a un taller de plàstics. Quins records