La COVID-19 ha acelerado el proceso de virtualización en todos los ámbitos. Ha crecido el consumo de televisión por streaming, han aumentado las compras online en todos los sectores… y la salud tampoco se ha quedado atrás en el proceso de digitalización. Los datos muestran cómo LaMevaSalut, el aplicativo del Servei Català de la Salud para gestionar el acceso a la información y los trámites sanitarios, ha pasado de tener 160.942 usuarios en marzo de 2020 a tener más de 4 millones en noviembre de 2021.
Las administraciones y empresas ven la ampliación del uso de las TIC como una vía para simplificar procesos y mejorar la eficiencia y la atención hacia el consumidor o ciudadano. Sin embargo, algunas persones se encuentran algo perdidas en el nuevo entorno digital. En el caso de los profesionales, lejos de facilitarles la vida, a menudo les genera estrés y los distancia de sus pacientes. No obstante, es evidente que existe un grupo de edad que sufre, en mayor medida, las consecuencias del proceso de digitalización: la gente mayor.

Pilar Trasserra es una activista social que a sus 80 años participa activamente en entidades sociales y políticas en Manresa. Pilar manifiesta que “los mayores tenemos un grave problema que a simple vista no se ve: la soledad. No solo existen las enfermedades físicas, sino también las psíquicas. La medicina familiar era una herramienta positiva, ya que se mantenía un seguimiento del paciente y de su entorno, pero ahora no es lo mismo”. Además, Pilar cree que “la administración no escucha a las personas mayores y que nos trata como si fueran niños, y eso hace daño”.
En Cataluña hay 7.649.708 personas con tarjeta sanitaria, de las cuales 746.233 son mayores de 75 años, según datos del Departamento de Salud, que representa casi un 10% de la población.
“La brecha digital no está vinculada a la edad»
Anna Buisan, jefa de la Oficina de Estrategia del Área de Ciudadanía, Innovación y Usuario del Servicio Catalán de la Salud, ante la pregunta de si considera que se impide el acceso a mucha gente con la digitalización del acceso a la sanidad, explica que “todo lo que se ofrece a través de canales digitales, sea LaMevaSalut o sea el canal de citación, son servicios que también están disponibles a través del mostrador, el 061 o el mismo teléfono del CAP”. Además, añade que «debido a la necesidad de poder acceder a cierta documentación de una manera muy ágil —se refiere al Pasaporte COVID— se ha migrado toda la atención a la parte digital».
La digitalización, combinada con algunas decisiones políticas como la necesidad de presentar el Pasaporte COVID a la restauración, han causado el colapso del sistema. Desde el departamento de Buisan han tenido que iniciar proyectos “para intentar descolapsar el sistema, como el Proyecto de Programación por motivos para citas y consultas de atención primaria”. Buisan explica que es un modelo de gestión de la demanda “que activa al ciudadano y lo que hace es seleccionar ciertos motivos de consulta, contra unas agendas de profesionales vinculadas y con un canal de respuesta: presencial, telefónico o TIC”.
La oficina de estrategia no contempla la edad como un factor de discriminación, ya que según ellos la fractura digital no está vinculada al perfil de edad, sino al perfil socioeconómico, y apunta que “normalmente, son los centros con mayor vulnerabilidad social los que requieren más atención presencial para resolver todos los temas que también se pueden resolver en el ámbito digital”. Buisan utiliza datos del Institut d’Estadística de Catalunya de Catalunya (Idescat) sobre equipamientos y uso de las TIC en los hogares para defender su posición y añade que “las limitaciones de acceso a los canales digitales dependen más de temas formativos y de los niveles socioeconómicos que de tramos de edad, que pueden estar más o menos fracturados digitalmente”.
Internet y los gadgets que se utilizan para acceder a ella forman parte de la vida cotidiana y una gran parte de los usuarios no es consciente de que no todo el mundo tiene acceso a Internet. Al mismo tiempo, mucha gente tampoco sabe usar gadgets específicos, como es el caso de la aplicación sanitaria.
Según datos de Idescat, extraídos de una encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE), el tipo de trabajo o los ingresos no afectarían al uso de las TIC.
Asimismo, la relación con la actividad laboral o la ocupación de las personas sí refleja diferencias notorias. Solo el 77% de los pensionistas hacen un uso habitual de las redes digitales.
El nivel de estudios es otro factor determinante en cuanto a la digitalización. Las personas con un bajo nivel educativo hacen menos uso de Internet.
Finalmente, aunque es verdad que los factores más importantes serían el tipo de trabajo que se tiene y el nivel de estudios, la edad también afecta al uso de las TIC. Así pues, solo un 74% de las personas mayores de 65 años utiliza Internet de manera habitual.
La encuesta de donde se han extraído los datos se realiza una vez al año y refleja el uso de Internet para personas de entre 16 y 74 años. El gran problema, sin embargo, radica en que a las personas mayores de 75 años, que representan casi un 10% de la población, no se las entrevista.
“La digitalización ha sido una perdida para todos”
Nura Estany es médica adjunta de primer año en un CAP de Rubí. Es la primera generación de residentes formados durante la pandemia. Aunque valora positivamente los cambios tecnológicos, ha encontrado la manera de asegurarse de que nadie quede excluido.
“Cuando reabrimos, nos propusieron que comenzáramos a hacer videoconferencias con los pacientes, pero la mayor parte de los pacientes que tenemos son personas mayores y es difícil que se conecten si no tienen los recursos. Decidimos que era mejor el teléfono aunque pierdas mucha información, tanto visual como de la vida del paciente, que al final es esencial en medicina. Hay muchas cosas que son útiles con la medicina telemática y con la aplicación LaMevaSalut, pero muchas veces cuando me envían una eConsulta, con todo lleno de fotos, he de optar por citarlo presencialmente, porque necesito verlo. Además, a mis pacientes que, por ejemplo, están con un cáncer muy avanzado o gente con mucha dependencia les hago unos papeles firmados por mí para asegurar que pueden coger visita presencial. Todos hacemos lo que podemos para que las personas puedan acceder a la atención de una manera más normal”, apunta Nura, que, sin embargo, está favor de que se quede el sistema telemático “con mejoras”.
Anna Cos hace cinco años que trabaja como enfermera. Hasta hace poco trabajaba en un CAP de pueblo, el CAP Cardona, i ahora trabaja en el CAP Sagrada Família de Manresa, donde ha notado un cambio inmenso en cuanto a la gestión de la sanidad durante la pandemia de la COVID-19.
Anna cree que la realidad es que el sistema digital no funciona para muchas personas, sobre todo para las personas mayores. “Te venden y te dicen: ¿a eso de LaMevaSalut cómo se entra? ¡Que yo no tengo datos en el móvil!”. Pues pídelo a su nieto… “¡Ay no, no, mi nieto vive en Madrid!”. La enfermera del Bages reconoce que hay personas mayores que se han puesto mucho las pilas y que lo saben hacer, pero hay que no. Igual que hay gente joven que no quiere hacerse LaMevaSalut, porque quieren que los llamen como toda la vida.
La COVID-19 ha hecho aumentar significativamente el número de usuarios de LaMevaSalut.
Pero quizás por no hacer el uso que había previsto su administración. La gente sigue yendo al CAP cuando se encuentra mal.
Un día cualquiera delante del CAP Bages en Manresa hemos querido preguntar a la gente si habían pedido cita, cómo la habían pedido, si tenían la aplicación de LaMevaSalut y si la utilizaban. La mayoría de los encuestados han afirmado tener la aplicación de LaMevaSalut para “dejar algún comentario al médico” o “mirar las vacunas”. Ahora bien, quienes han negado tener el aplicativo han sido la gente mayor, el grupo poblacional más vulnerable y olvidado en la digitalización de la atención primaria.
Ni LaMevaSalut ni el teléfono han servido para agilizar procesos. Tampoco han generado la confianza necesaria en tiempos de crisis sanitaria, porque las personas siguen queriendo ir presencialmente. Si se descargan la aplicación es porque decisiones políticas, como la necesidad de usar el pasaporte COVID para entrar a restauración y gimnasios, obligan a hacer uso de él.
El Departamento de Salud es consciente de que debe trabajar para intentar mejorar la utilidad de LaMevaSalut: “estamos haciendo un estudio sobre el uso de herramientas digitales para identificar los factores de la población que no hace uso de ellas, cuáles son los motivos y qué podríamos poner a disposición de la ciudadanía para mejorar el acceso”.
Así, quizás Pilar Trasserra y más personas perjudicadas por su situación se sentirán, por fin, escuchadas.











