Guillem Barril, miembro del equipo técnico de la ACP ha recorrido Medyka, que es el último municipio de Polonia antes de llegar a Ucrania, donde se han habilitado un antiguo supermercado y la estación de tren, y la ciudad de Przemysl, donde también se ha adaptado la estación ferroviaria. “En Medyka hay un goteo constante de personas en el paso de la frontera que entran desde Ucrania. En Przemysl, los trenes suelen venir de la ciudad de Lviv, que es donde se concentran personas que llegan desde diferentes puntos de Ucrania y buscan salir hacia Polonia y otros países. Los trenes llegan bastante cargados y se producen aglomeraciones”, explica Guillem por teléfono.

La solidaridad profesional y voluntaria se juntan en estos lugares fronterizos. “Hemos notado que hay una solidaridad masiva de carácter espontáneo con envíos de artículos de primera necesidad, como productos de higiene, sanitarios, de alimentación, bebidas, mantas y ropa. Esta solidaridad espontánea se hace con muy buen corazón, pero a veces llevan los productos hasta la frontera y, una vez allí, nadie sabe quién los gestiona y, en algunos casos, se pueden llegar a perder”.
La coordinación es esencial para hacer llegar lo que las personas ucranianas realmente necesitan en las cantidades adecuadas y para evitar que haya sacos de ropa tirados en el suelo o excedentes de comida y agua. En este sentido, el cooperante se hace eco de lo que dicen muchas de las entidades que trabajan en terreno. “Hay personas que traen productos con toda la buena fe del mundo, pero no tienen capacidad para gestionarlos y para ubicarlos. Creo que quienes tendrían que tomar el relevo son organizaciones destinadas a la cooperación y a la ayuda humanitaria”.

El equipo de la ACP y del SCP tiene como socio local al Comité Polaco de Asistencia Social (PKPS, de Polski Komitet Pomocy Społecznej), con quien han conocido de primera mano qué es lo que más urge actualmente. “Las organizaciones nos han dicho que necesitan maquinaria más desarrollada, tipo lavadoras, neveras, lavabos y duchas, así como un buen mantenimiento higiénico de las instalaciones para tener los espacios limpios y adecuados”.
Tristeza y desolación
Los ánimos en la frontera se dividen entre la población ucraniana que llega desorientada y la vertiente más humanitaria de quien intenta ayudar en todo el que puede. “Hay cierta apatía de la gente que viene de Ucrania, no muestra mucho los sentimientos. Son imágenes bastante duras en el sentido de que, cuando se busca hablar con alguien, a la segunda pregunta ya no puede ni contestar, porque se echa a llorar. Normalmente, las personas que llegan tienen familiares que se han tenido que quedar para ir a la guerra, como obliga el gobierno; llegan madres e hijos e hijas menores que hace pocas horas que se han separado del marido o del padre. La situación es de tristeza y desolación”.
Por otro lado, hay equipos de voluntarios que se pasan horas y horas intentando colaborar en lo que haga falta. “Se sienten muy motivados, ponen mucha actitud. Intentan ayudar en lo que pueden, independientemente de las condiciones en que se desarrolle la ayuda. Lo que buscan es echar una mano”, resume Guillem. Se trata mayoritariamente de personas de Polonia, pero también de Alemania, otros países de la Unión Europea e incluso hay carpas de personas de la India que ofrecen sopa caliente. A nivel local, hay grupos de voluntarios de entidades, como los bomberos, que tienen bastante presencia y protagonismo en los lugares que ha visitado la misión humanitaria. Solo en Przemysl hay más de 100 organizaciones registradas.

Según datos de ACNUR, en las dos primeras semanas de la ofensiva rusa, más de dos millones de personas han huido de Ucrania, sobre todo a Polonia, Moldavia, Rumanía, Hungría y Eslovaquia. Otro millón permanece desplazado dentro del país a causa del deterioro de las infraestructuras y de las acciones militares llevadas a cabo por Rusia. La Agencia de la ONU para los Refugiados considera que la situación es cada vez más “inestable, delicada e impredecible”.
Controles
La estación de tren de Przemysl, que es la ciudad en la que se concentra gran parte de la ayuda humanitaria, sirve también como punto de control de documentación. Las personas que disponen de pasaporte lo tienen más fácil, mientras que aquellas a las que les falta algún documento tardan más tiempo en registrarse. Las colas pueden ser de dos, tres y cuatro horas.
También en esta estación hay personas uniformadas del ejército polaco que no van armadas y que, además de garantizar la seguridad, tienen una tarea de disuasión de redes de tráfico de personas vinculadas al mundo de la prostitución forzada, y es que se teme que la llegada masiva de miles de mujeres y menores cada día suponga un efecto llamada para redes de proxenetas y que se lleven, engañadas, a personas en situación de vulnerabilidad.

La población ucraniana se va a grandes ciudades como Cracovia y Varsovia
Una vez estudiada la situación sobre el terreno, la misión humanitaria de la ACP y el SPF analizará las siguientes acciones a tomar. Teniendo en cuenta que los puntos fronterizos son lugares de paso en los que las personas se quedan pocos días y donde las primeras necesidades parecen estar cubiertas, todo apunta a que las campañas se dirigirán a otros lugares. “Buscaríamos, a través del programa de captación de fondos, trabajar con la contraparte polaca en las grandes ciudades, como Cracovia y Varsovia”.
“La población que llega a Polonia busca ciudades con más recursos de alojamiento; por lo tanto, hay que dar servicio a todas estas personas y responder a sus demandas. Entendemos que son puntos fijos donde la gente se quedará más tiempo que en estos tres lugares de la frontera donde las necesidades básicas ya están bastantes cubiertas”.

Muchas de las ucranianas se dirigen a casas de amigos y familiares que residen en Europa, como Polonia, Alemania, Francia, e incluso Portugal. Esto hace pensar a las organizaciones especializadas que, una vez resuelta la atención más inmediata, hay que llevar a cabo acciones más a largo plazo.
“A día de hoy no sabemos qué pasará con la guerra en Ucrania. Si la guerra sigue y estas personas no pueden volver a su casa porque hay una situación de conflicto, corremos el riesgo de que en Europa se vuelvan a poner en marcha mensajes de carácter xenófobos. Creo que es importante actuar en el caso de las grandes ciudades, que son los lugares donde se concentrarán las ciudadanas y los ciudadanos de Ucrania en las próximas semanas y meses, en Polonia, en Alemania y en varias ciudades europeas. Tenemos que tener una visión a largo plazo de este modelo de solidaridad y acción humanitaria”.

