Rusia lleva tiempo, desde mucho antes de iniciar la guerra en Ucrania, haciéndonos la guerra híbrida en formas que podrían pasarnos desapercibidas pero que irán en aumento. No solo perpetra ciberataques y hábiles campañas de desinformación, también sabotea infraestructuras y servicios básicos, de momento en Europa del este, y procesos democráticos, desde África hasta Europa. Y pasando por su tradicional apoyo a regímenes autocráticos como el venezolano y nicaragüense, su red de interferencias se extiende más sutilmente de lo que pensamos y constituyen una nueva forma de imperialismo que no debe pasar desapercibido.
Desde Mozambique hasta Malí, Rusia ha exportado el modelo Wagner, apoyado golpes de Estado, movimientos separatistas, instigando campañas de represión y desinformación contra la oposición, llegando a estar tras de la abrupta expulsión europea de algunos países donde estábamos contribuyendo, tras medio siglo de descolonización, con programas de lucha antiterrorista, democratización, educación, salud, desarrollo, materias todas ellas que no van a proporcionar ni los rusos ni los chinos en su carrera por acaparar el continente africano. El neo-imperialismo ruso no exporta precisamente ni la democracia ni el desarrollo que nos han caracterizado a occidente. Pues es precisamente Rusia, y no Europa, la que quiere devolvernos a la etapa de los imperios, la que se ha expandido mediante guerras a Georgia, Moldavia, el Cáucaso, Ucrania, por no dejar de mencionar su obstaculización de las transiciones libia y siria; todo ellos frente al modelo de civilización democrática que representamos los europeos.
Y claro que Europa, occidente, deben revisar su modo de estar en el mundo y de cooperación con terceros países, pero ello no debe opacar el terrible expansionismo ruso que muy a menudo pasa desapercibido delante de nuestra mirada. O mejor dicho, que pasa desapercibido frente al ruido de sus campañas de desinformación “antieuropeas”. Y es que estamos en un momento decisivo de pugna entre su anhelada destrucción de occidente, de la UE en particular, con lo que representan la democracia y las libertades, y sus ansias de expansionismo de un modelo autocrático con el que no se podría vivir mejor.
Si bien la economía rusa está obsoleta y parcialmente más aislada, en estos últimos años ha logrado desarrollar una auténtica economía de guerra y contar con importantes apoyos de Irán, Corea del Norte, China. El peligro ruso no es algo que nos venga de lejos a la Europa del sur, lo tenemos muy presente dentro de nuestras sociedades en formas de guerra híbrida que irán en aumento. Desde Libia enviándonos crisis migratorias, donde tiene posicionados misiles con ojivas en la zona cirenaica controlada por su aliado Hafter. Igual que tiene aliados en el norte de África y centro de Europa, el más dispuesto a desestabilizar Serbia, que le pueden servir de plataforma.
Rusia no deja de tantearnos cuando incursiona el espacio marítimo y aéreo europeo o sabotea las infraestructuras. Hoy hemos tenido un apagón que podría ser un incidente no provocado, pero que cuando estemos completamente digitalizados puede convertirse en una nueva forma de guerra.
La guerra en Ucrania es una violación del Memorándum de Budapest de 1994, en que se la dejó desarmada y Rusia se comprometía a cambio a respetar su integridad terrirorial, y posteriormente del Protocolo de Minsk 2014 sobre el Donbas. Y los actuales intentos de acuerdos de paz siguen dejando desarmada a Ucrania, con lo que no podemos esperar ninguna garantía.
Y para todo esto no estamos preparados, ni tenemos los medios ni la unidad necesarios para legítimamente protegernos. Una vez EEUU nos ha retirado su apoyo, buscar alianzas paneuropeas es el único modo que nos puede hacer llegar a las ingentes capacidades de defensa necesarias. La defensa es más que algo bélico, es un servicio público que nos protege de amenazas, tanto a nuestra integridad territorial como democrática, pero también a los servicios públicos, las infraestructuras, nuestra forma de vida occidental. La Defensa también es dotarnos de medios modernos para hacer seguimientos, prevenir y proteger, claro, en última instancia si fuéramos objetos de ataques armados.

