El Día Mundial de la Salud se celebra cada año el 7 de abril para conmemorar la entrada en vigor de la constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Una fecha que la federación mundial de asociaciones de salud pública (World Federation of Public Health Associations WFPHA), entre las que se encuentra la Sociedad Española de Salud Pública (SESPAS), aprovecha para celebrar la cuarta edición de la semana mundial de la salud pública, del 7 al 11 de abril, cuyo lema, este año, es “Redefinir la equidad. Descolonizar la Salud Pública para un mundo más sano”.
La WFPHA ha elegido cinco temas para la celebración de este año: «La salud y construcción de la paz«, para resaltar el papel fundamental de la paz como base de la salud pública, junto con las contribuciones críticas de las iniciativas sanitarias en zonas de conflicto, la recuperación y la diplomacia sanitaria. El propio concepto de la salud como derecho humano fundamental –según el glosario de promoción de la salud editado por la OMS en 1998– destaca determinados prerrequisitos para la salud, que incluyen la paz, adecuados recursos económicos y alimentarios, vivienda, un ecosistema estable y un uso sostenible de los recursos. «El cambio climático, la salud y un futuro sostenible» es el segundo tema, para fomentar el análisis de su impacto sobre la salud y estimular el desarrollo de estrategias para afrontar adecuadamente las crisis medioambientales. El tema del tercer día –»Las innovaciones en salud pública para un mundo más sano«– quiere destacar los avances de vanguardia, desde la salud digital a las nuevas tecnologías, centrándose en cómo reducir las disparidades sanitarias, fomentar la equidad y la inclusión. Mientras que el jueves 10 de abril se quiere dedicar al abordaje de las necesidades globales de salud mental centrándose en la cohesión social, la reducción del estigma y la integración la atención primaria, bajo el lema «Salud mental y cohesión social«. El quinto y último día quiere estimular el «Desarrollo de un personal y un liderazgo sanitarios inclusivos«, mediante la diversidad en el liderazgo sanitario y la formulación de políticas, con el compromiso de formar, contratar y retener a profesionales de grupos históricamente poco representados para garantizar unos recursos humanos inclusivos y representativos.
Pero lo que puede ser más relevante para la salud pública en Cataluña es que, al parecer, el gobierno quiere desarrollar por fin la Agència de Salut Pública de Catalunya, que fue creada en 2009, suprimida –oficialmente para racionalizar la administración en 2013– y pendiente de aprobar sus estatutos para volverla a recuperar, que, según la honorable consejera “(…) en otoño los tendremos y podremos ponerla en marcha (…)”.
Una institución que según Carmen Cabezas, ex secretaria de Salud Pública y miembro del Cairòs, debe tener «la capacidad de reaccionar de forma rápida si nos impactan nuevas pandemias, adaptar los recursos a las necesidades actuales, continuar incrementando los sistemas de vigilancia, desplegar la estructura territorial, avanzar en sistemas de información y potenciar el aprovisionamiento de servicios de Salud Pública«. Y que, en nuestra opinión, debería contribuir también a la promoción de la salud comunitaria cooperando con los sectores de la administración y de la sociedad determinantes de la salud como la educación, la vivienda, el trabajo, etc. Tal como propugna el Plan Interdepartamental de Salud Pública (PINSAP) y empezó a desarrollar el programa COMSalut, que culminaba la iniciativa de la OMS “Towards Unity for Health” (Actuando Unidos Para la Salud: AUPA), para coordinar e integrar a los agentes implicados en la salud de la población.
Hasta ahora hemos hablado de consignas y de declaraciones de intenciones políticas, tanto a nivel internacional como estatal y catalán. Lo que hace falta es hacerlas realidad en forma de iniciativas en los terrenos de la financiación y de la asignación de recursos y de planificación y gestión de los centros y servicios de la sociedad que tienen una incidencia notable sobre la situación de salud personal y colectiva y, por tanto, sobre la mejora del bienestar y la calidad de vida.
En cualquier caso, es necesario aprovechar estas efemérides para inducir a la reflexión a nuestros responsables políticos y a la propia ciudadanía sobre la necesidad de actuar prioritariamente sobre un elemento que a menudo se infravalora: la desigualdad social.

