Después del 7 de octubre de 2023, el mundo aguardaba la contestación de Israel al ataque de Hamas. Se esperaba firmeza y contundencia, pero nos encontramos ante la desproporcionalidad más absoluta: arbitrariedad, violencia, brutalidad y deshumanización. Durante algún tiempo se estuvo aguardando, quizás más esperanzados que expectantes, que alguien o algo pusiera límites a ese horror. Más allá de la condena moral y/o formal que la ONU u otras instituciones podían hacer, lo más tangible y efectivo que estaba a mano para echar freno a la creciente barbarie era el apoyo de los EEUU, indispensable siempre para Israel. Y si bien a la administración Biden se le veía ciertamente incómoda ante la actuación del ejecutivo de Netanyahu, nunca le retiraron su favor ni le condicionaron severamente.
Pero a veces, cuando todo parece perdido, se nos muestra que las cosas aún pueden empeorar. Con el nuevo mandato de Donald Trump llegó una reunión entre Netanyahu y el presidente de los EEUU en la que este último dijo que dado que Gaza es un lugar inhabitable (¿por qué será?), lo mejor que se puede hacer es que todos sus habitantes se vayan para poder reconstruir la zona y convertir ese lugar en una suerte de resort turístico (otro más) del mediterráneo. Y sí, me gustaría poder decir que estoy exagerando, parafraseando en exceso o tergiversando sus palabras. Pero no: ocurrió de dicho modo, la realidad no me deja aquí espacio a la creatividad. De hecho se llegó a hablar de limpieza… Pero se cuidó mucho de no añadir el adjetivo “étnica”: se puede suponer que confió en nuestra inteligencia para completar la adivinanza. Aunque se habló de “salida voluntaria”, eso sí, y no está de más resaltar esto, habida cuenta de quiénes vieron en Trump la voz del mensaje directo y sin eufemismos…
En otro orden (¿o desorden?) de cosas, ante el caos arancelario desatado por el mismo Trump, Obama apareció recientemente en un evento diciendo “imagínense que yo hubiera hecho todo esto”. El público rió y el propio ex-presidente se tuvo que esforzar para no hacer lo propio. Pero había un mensaje subyacente que iba más allá de la risa nerviosa ante la estupefacción: hay a quiénes se les tolera lo intolerable porque ya nos hemos acostumbrado a que esa sea la norma para ellos. El auge de la alt-right, y que llevo años narrando, supone, entre otras cosas, la normalización (ventana de Overton) de lo otrora abyecto.
El hecho de que ante su política arancelaria Trump no haya fijado un proceso y unos objetivos claros y definidos ha permitido que sus seguidores interpreten cada movimiento como una genialidad de su líder: si mantiene e incrementa los aranceles es porque estos valen para recaudar dinero y para que no le tomen el pelo a los EEUU, si los retira o reduce es porque realmente pretendía presionar para salir favorecido en una negociación, etc. Haga lo que haga, está blindado, siempre habrá una justificación ante su actuación, una explicación que denote su brillantez como hegemón del mundo libre. Haga lo que haga, no habrá contradicción alguna: el relato, como en 1984, se va adaptando a la realidad según las necesidades del momento.
Incluso tenemos a algunos liberales, que declararon su amor incondicional por el libre mercado sin ninguna intervención, defendiendo las políticas económicas de Trump y cuestionando que estas sean realmente proteccionistas (¿lo serían en caso de ser únicamente un chantaje con el que hacer tragar a todo el mundo?).
Ante toda esta situación, la Unión Europea se encuentra también claramente desconcertada. España trata de acercarse a China, pero el resto de Europa intenta ser más cauta, no vaya a ser que lo de Trump sea una gripe pasajera y les pille a pie cambiado.
Rusia aparenta firmeza y certidumbre, pero no creo que tampoco tengan claro que la suerte que les favorece con la nueva administración norteamericana vaya a durar mucho y, de hecho, todo podría cambiar en cuanto se llegue a una paz en Ucrania.
En suma, quiénes nos advirtieron cual agoreros del advenimiento de un nuevo orden mundial que restringiría o eliminaría todas nuestras libertades, tal vez tuvieron que avisarnos o, cuando menos, contar con la posibilidad de que lo que llegaría podría ser algo aún mucho más tremebundo y caótico: un nuevo desorden del mundial que no solo afectara a nuestras libertades, sino que se nos tornara cuasi totalmente imprevisible.

