Mientras el mundo mantiene los ojos puestos en Gaza, el sur del Líbano sufre una tragedia paralela. Según el informe mundial 2025 de Human Rights Watch, más de 3.445 personas han muerto a causa de la agresión israelí, más de 14.600 sufrieron heridas y 400.000 personas se vieron obligadas a huir a Siria.
En medio del caos y la incertidumbre, el Hospital Hikmat Al Amine de Nabatieh, perteneciente al Socorro Popular Libanés (SPL), ha sido el único que se mantiene operativo en el sur del Líbano desde que comenzó la ofensiva israelí. Atienden a víctimas de los bombardeos y pacientes con situaciones crónicas. Su trabajo en el ámbito sanitario, humanitario y comunitario ha sido esencial en una de las zonas más afectadas por la escalada militar.
A mediados de abril, en el marco del proyecto de cooperación internacional Derecho a la salud y a una vida digna y libre de violencias en el Sur del Líbano, impulsado por la Asociación Catalunya-Líban y la Fundación ACSAR con apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo, una delegación del Socorro Popular Libanés y del Hospital Hikmat Al Amine realizaron una visita técnica en Barcelona.
Conversamos con los miembros de esta comisión, conformada por Ali Moussaoui, presidente del SPL a nivel nacional; Mona Abouzeid, directora del Hospital Hikmat Al Amine; Sara Salloum, responsable de enfermería y coordinadora del proyecto de apoyo al hospital; y Chafih Fouani, jefe del equipo sanitario del hospital. Compartieron cómo ha sido su experiencia durante los bombardeos y sobre cuál es la situación actual en el sur del Líbano.
La finalidad de esta visita fue tratar temas sobre la emergencia sanitaria, la cooperación y la sensibilización, que conlleven al mejoramiento de las condiciones de vida en el sur del Líbano, con entidades como el Ayuntamiento de Barcelona, la Fundación Pau, Comisiones Obreras (CCOO), el Fons Catalá, el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña, la Dirección de Cooperación Internacional y organizaciones de mujeres que trabajan en el tema de salud sexual y reproductiva.
Uno de los asuntos más importantes es la implementación del proyecto para el tratamiento de los residuos sanitarios, para el cual el personal del Hospital del Socorro Popular de Nabatieh se capacitó con la Agencia Catalana de Residuos y visitó dos importantes hospitales de Barcelona. La idea es tomar referentes y lograr acuerdos, para llevar e implementarlos.
En un contexto tan adverso ¿Cómo ha hecho el Hospital Hikmat Al Amine para ser el único que se ha mantenido en pie en la zona sur del Líbano?
Cuando la guerra comenzó en Gaza, el 7 de octubre de 2023, nosotros en el hospital hicimos un plan de acción, un plan de emergencia, para proyectar los pasos a seguir en coordinación con otros actores a nivel nacional de país. Al ser Líbano la frontera con Palestina, sabemos que, si Israel ataca a Palestina, significa que va atacar Líbano y, efectivamente, empezaron de inmediato después de Gaza.
Ya el 23 de septiembre de 2024, Israel comenzó a golpear con gran fuerza el Líbano y, nosotros, todo el equipo sanitario, decidimos quedarnos en el hospital para ayudar a las personas. Estuvimos más de 60 días dentro del hospital. Éramos médicos, trabajadores, enfermeras, incluso, personal administrativo, sin poder salir a ninguna parte, porque estaban bombardeando alrededor y a la región entera.
Los bombardeos tuvieron lugar a 200 metros del hospital, por los que hubo serias afectaciones a nivel de infraestructura, desde cristales y plafones rotos hasta techos totalmente caídos. Entonces, trasladamos tanto los equipos sanitarios, como los equipos médicos y la UCI de la tercera planta a la primera.
A causa de esta terrible guerra, tuvimos que dejar en el hospital solo a las personas estrictamente necesarias. En condiciones normales, el hospital cuenta con 217 empleados, de los cuales 70 son doctores; pero por lo atroz de los ataques y el miedo que generan, se redujo el personal a 150 y, después, pasamos a 100 personas que nos quedamos dentro del hospital.
Así nos mantenemos. Allí trabajamos en coordinación con la Cruz Roja, que se encarga de desplazar a los heridos que deben ser transferidos a otras ciudades como Beirut o Saida. También con la Defensa Civil del gobierno que se encarga de buscar entre los escombros a personas heridas y muertos.

Durante esta guerra, tratamos de que todos los civiles que estaban en el hospital fueran trasladados a otras ciudades, para enfocarnos en la atención a personas heridas por los ataques. Sin embargo, no todos pueden irse. Entonces, desde el hospital les ofrecemos servicios de atención médica, les brindamos productos básicos y comida a aquellos civiles que se quedaron en la región de Nabatieh porque no tienen dinero para desplazarse, especialmente a personas mayores.
La situación más grave fue la del 17 y 18 de septiembre de 2024, con el ataque por parte de Israel que hizo explotar los walkie-talkies en el Líbano. Eran demasiados heridos y todos los pacientes tenían serias afecciones en sus ojos y sus manos. En 24 horas realizamos más de 30 operaciones, estuvimos con los equipos sanitarios trabajando esas 24 horas sin parar.
¿Cuáles son los desafíos más grandes que deben afrontar en medio de la guerra?
Hay muchos desafíos que nos afectan a causa de la guerra. Tenemos necesidades vitales, entre las más importantes están los medicamentos, la comida y el personal médico, porque muchos se han tenido que ir y, actualmente, no tenemos especialistas esenciales para este contexto como lo son el neurocirujano y cirujano vascular.
No hay electricidad en gran parte del hospital, lo cual reduce significativamente la operatividad. Te enfrentas al problema de trabajar en el campo médico y no contar con los recursos suficientes para ofrecerle a tus pacientes el tratamiento que requieren; tienes que transferirlos a otros institutos u hospitales para un tratamiento más avanzado, pero, aun así, no todos se pueden movilizar.
¿Y las afecciones colaterales de la guerra? ¿Cómo afrontáis vuestro propio trauma sicológico?
Es muy difícil. Cuando ves a tu vecino o a tus amigos o a los miembros de tu familia que han sido heridos y no puedes ofrecerles el tratamiento en el hospital, también te afecta tu estado mental.
Es una gran tensión y presión cuando vives en un hospital por unos 66 días sin tu familia. Y tienes que quedarte detrás de la ventana y ver las bombas, los misiles, el tiroteo enfrente de ti y no poder hacer nada, no puedes salir a recoger o atender a alguien, porque es demasiado peligroso ir a ayudar a las personas que han sido atacadas; es como si estuvieras en una cárcel de voluntarios.
Entonces, es una situación muy difícil mental y emocionalmente. Sobre todo, en los primeros días de la guerra es muy complicado lidiar con eso. Con el paso del tiempo, te adaptas a la situación y encuentras la manera de encontrar la fuerza para ser resiliente.

¿Existe algún acompañamiento o preparación para el equipo sanitario?
Antes de la guerra, nos han entrenado en un programa de la Organización Mundial de la Salud para saber qué hacer en este tipo de circunstancias, tanto en la parte profesional como en la atención. Nos entrenan para responder a situaciones de crisis, nos capacitan en cómo desarrollar el plan de contingencia, el manejo de la salud mental, el suministro de los equipos y provisiones, y el servicio que se debe prestar a los pacientes según sean civiles o soldados.
Desde el Socorro Popular libanés ¿cómo han articulado la respuesta humanitaria y comunitaria ante las diferentes situaciones de los bombardeos?
El Socorro Popular libanés fue constituido en 1964, oficialmente, pero en práctica comenzó en 1968. Es una organización civil y laica. En Líbano estamos en una estructura donde la población y la política son repartidas confesionalmente. Entonces, el SPL actúa en todas las regiones del Líbano indiferentemente de la confesión religiosa.
Somos una entidad sin ánimo de lucro, democrática, que funciona mayoritariamente desde el voluntariado. Casi todos nuestros miembros son voluntarios, menos el personal del hospital y algún personal sanitario de los centros que tenemos alrededor del país.
Además del hospital, contamos con 22 centros sociales y sanitarios alrededor del Líbano, donde brindamos ayuda a cerca de 1.200 personas de unas 600 familias, a las que se les asegura sus necesidades más básicas como atención sanitaria, medicina, agua, electricidad y comida.
Estos centros funcionan de manera autogestionada. Allí, los mismos grupos de desplazados se encargan de cocinar, de mantener el espacio limpio y de organizarse en las diferentes tareas. Igualmente, hay personas desplazadas de manera individual a las que se les aloja en casas y se les gestionan los mismos beneficios.

¿Con qué organizaciones están trabajando para fortalecer su capacidad de respuesta a esta situación?
Todos nuestros proyectos, en general, no solo a nivel humanitario sino también a nivel de cooperación internacional, vienen financiados por la cooperación catalana como la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo, el Ayuntamiento de Barcelona y el Fons Catalá. También, durante la guerra se ha trabajado de manera coordinada con organizaciones locales, con ayuntamientos y con Naciones Unidas.
Nuestros socios y aliados participan de nuestros principios y fundamentos bajo el eslogan de «Juntos por la humanidad». Esto significa que trabajamos con el objetivo de conseguir el desarrollo sostenible para nuestra región a partir de cinco dimensiones sustanciales: la dimensión social que incluye salud y educación, la cultural, la económica, la política y el medio ambiente. Centrándonos de manera prioritaria y vital en el aspecto social.

Es estas circunstancias ¿Qué tan necesario se hace el acompañamiento internacional?
Todo el apoyo internacional, político, humanitario, sanitario y de difusión, es necesario e importante en estas condiciones que vivimos. Actualmente, a diario siguen las agresiones salvajes por parte de Israel en el Líbano, a pesar de la declaración de alto al fuego. A esta la situación se suman la crisis económica interna en el país y el nuevo régimen en siria que está desestabilizando la parte fronteriza del norte-este y también hace amenazas, amenazas y más amenazas.


2 comentaris
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