El ensayo Los trastornos de la alimentación: Guía práctica para cuidar de un ser querido (Skills-based Learning for Caring for a Loved One with an Eating Disorder: The New Maudsley Method, 2007, edición revisada de 2016), publicado en castellano en 2011 por la Editorial Desclée de Brouwer, está considerado una de las referencias fundamentales para «dotar a los cuidadores de las estrategias y conocimientos necesarios para apoyar y alentar a las personas que sufren un trastorno de alimentación, para ayudarles a liberarse de las trampas que les impiden recuperarse». La investigación clínica desarrollada se basa en los trabajos de las autoras: la psiquiatra Janet Treasure, la escritora Gráinne Smith y la médica Anna Crane.
El texto ofrece información detallada sobre técnicas y estrategias que mejoran la capacidad de profesionales y familiares para brindar un apoyo coherente y continuo a sus seres queridos. Treasure es autora y editora de varios libros de texto sobre trastornos de la alimentación y es la impulsora del conocido como New Maudsley Method, a partir de sus trabajos de investigación en el King’s College de Londres y en el Hospital Maudsley, que reinterpreta el método original propuesto en los años setenta. Este nuevo método se diseñó pensando «sobre todo en adolescentes mayores y adultos (donde los padres ya no pueden o no deben controlar por la fuerza la comida), y se enfoca en dotar a los cuidadores (padres, parejas o hermanos) de herramientas de comunicación y gestión emocional».
El New Maudsley Method (o enfoque New Maudsley) es un modelo de intervención y acompañamiento diseñado específicamente para los familiares y cuidadores de personas que sufren un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). A diferencia de otros enfoques, «no es una terapia clínica directa para el paciente, sino un programa de entrenamiento en habilidades para la familia. Su objetivo es reducir el estrés del cuidador y enseñarle a reaccionar de una manera que favorezca la motivación del paciente para cambiar, rompiendo los círculos viciosos que, sin querer, perpetúan la enfermedad».
En ese contexto, Treasure utiliza una célebre serie de metáforas de animales. El objetivo de este recurso didáctico no es juzgar ni culpar a los familiares, sino ayudarles a identificar de forma muy gráfica y compasiva sus reacciones automáticas cuando están bajo el enorme estrés que genera convivir con esta dolencia. Define dos estilos de afrontamiento contrapuestos: uno basado en respuestas emocionales y otro basado en la reacción conductual.

Treasure identifica varios perfiles de comportamiento de los acompañantes, a los que asocia un animal de características afines al concepto. Por ejemplo, los estilos de acompañamiento que propone como ideales (como modelos a seguir) corresponden, en el caso de los cuidadores según su reacción conductual, a un delfín: «El delfín acompaña al ser querido combinando el cariño con el control justo. No lo arrastra ni lo mete en una bolsa: nada a su lado apoyándolo, a veces va un poco por delante marcando el camino, y otras veces se queda un paso por detrás demostrando confianza. Utiliza pequeños «toques» (estímulos suaves) para guiar al paciente hacia la orilla de la seguridad, permitiendo que sea la propia persona quien haga el esfuerzo de nadar».
En el caso de los cuidadores según su reacción emocional, la referencia es un San Bernardo: «Representa la calma, la paciencia infinita y la constancia frente a la tormenta. Es un cuidador cálido, empático y profundamente fiable. Ante los ataques de ira, los llantos o las crisis del paciente (la «avalancha»), el San Bernardo no se altera, no grita ni huye; permanece firme, ofreciendo un entorno seguro y amor incondicional para transmitir la certeza de que la recuperación es posible».

Durante décadas, la psiquiatría arrastró el grave error de culpabilizar a los padres del origen de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Aunque esa teoría está desterrada, la culpa sigue siendo la primera emoción que se instala en el hogar familiar tras el diagnóstico. La gran ventaja de las metáforas de Janet Treasure es su capacidad para desestigmatizar. No es lo mismo decirle a un padre desbordado que su actitud es «tóxica, controladora e hiperreactiva», que invitarle a reconocer si en momentos de tensión actúa como un «Rinoceronte» (que embiste con lógica y órdenes) o como un «Terrier» (que atosiga con críticas constantes). El animal actúa como un amortiguador emocional: permite al cuidador observar su conducta desde fuera, con un toque de humor y compasión, entendiendo que esa reacción nace del miedo y no de la maldad.
«La metáfora no juzga el carácter de la persona; define una estrategia automática e ineficaz provocada por el estrés. Al quitar la etiqueta de ‘culpable’, el cuidador recupera la energía para convertirse en aliado», explican los expertos en el método. Y ahora tenemos la oportunidad de visualizar esos perfiles y empatizar con los familiares y acompañantes gracias a la novela gráfica Cuidando con miedo (2026), de Elisabeth Karin Pavón Rymer-Rythén, publicada por el sello Astronave (de Norma Editorial) en su edición en castellano y en catalán.
La obra es en realidad la segunda parte de su ópera prima, Comiendo con miedo (2022), publicada en el mismo sello y también disponible en castellano y catalán, ambos volúmenes con traducción de Anna Puente Llucià. En ese impresionante debut, la autora narraba su experiencia personal en la adolescencia cuando fue diagnosticada con anorexia nerviosa (véase el artículo Cuando tu monstruo se llama trastorno de la conducta alimentaria, 2022).

Elisabeth Karin Pavón Rymer-Rythén (nacida en Suecia y afincada en España) sorprendió cuatro años atrás al mostrar de forma sincera su experiencia personal con lo que ella misma llamó «su monstruo», esa voz interior que le va diciendo que no coma tanto, que haga más deporte o que evite las relaciones sociales que puedan estorbarle en la consecución de su plan, que no es otro que verse más guapa. Y llegó a hacer algo que resultó liberador: bautizarlo con el nombre de «Nore». Poner nombre a ese monstruo interior es una herramienta fundamental de lo que se considera «terapia narrativa», un proceso clínico que se conoce formalmente como externalización y que fue analizado por los terapeutas Michael White y David Epston en su ensayo Medios narrativos para fines terapéuticos (Narrative Means to Therapeutic Ends, 1990), publicado en castellano por Ediciones Paidós.
Según White y Epston, «el trastorno deja de ser una parte intrínseca de tu ser para convertirse en una entidad ajena que te está visitando o atacando. Esto te devuelve tu identidad: tú sigues ahí dentro, el monstruo es solo el inquilino molesto». Eso sí, es importante recordar que separar al monstruo de ti te quita la culpa, pero no te quita la responsabilidad de la recuperación. Y la recuperación casi nunca es una línea recta: existe un riesgo latente de recaída, que es precisamente lo que le ocurrió a la joven Elisabeth Karin, quien explica en Cuidando con miedo no solo las vicisitudes que tuvo que afrontar en su segundo ingreso en una unidad de psiquiatría, sino cómo afectó esto a su entorno más cercano, familiares y amigos.

La posibilidad de visualizar los estados de ánimo, las inquietudes y el proceso de aprendizaje del entorno de Elisabeth Karin en esa recaída permite al lector empatizar con las emociones y los dilemas planteados, así como aprender de forma pedagógica conceptos que contribuyen a comprender nuestro comportamiento y la idoneidad de actuar de una u otra manera, especialmente en el caso reflejado de una recaída. Y la recaída no es el fin del proceso, sino una fase que ocurre con frecuencia dentro del propio camino hacia la sanación, tal y como refleja el modelo de las etapas del cambio propuesto por los psicólogos Prochaska y DiClemente en su influyente ensayo Cambiando para bien. Un programa revolucionario de seis etapas para superar los malos hábitos y mejorar su vida (Changing for Good: A Revolutionary Six-Stage Program for Overcoming Bad Habits and Moving Your Life Positively Forward, 1994).
Estos expertos abogaban por considerar que el gran peligro de una recaída «no es el tropiezo en sí, sino la interpretación que se hace de él. Si el paciente o la familia piensan: “Hemos vuelto a la casilla de salida, todo el esfuerzo no ha servido de nada”, se genera una profecía autocumplida de abandono». En el contexto que la autora narra en sus novelas gráficas, una recaída no significa que el paciente sea débil; significa que Nore aprovechó un momento de vulnerabilidad (estrés, baja autoestima, un cambio de vida como empezar nuevos estudios) para encontrar una puerta trasera. Al no culpar al paciente, este no se esconde por vergüenza y puede pedir ayuda antes. Desde el método New Maudsley, se entrena a la familia para que, ante la recaída, actúe como un San Bernardo: mantenga la calma, recuerde que es un bache temporal y aplique el plan de rescate sin juzgar.
El díptico formado por Comiendo con miedo y Cuidando con miedo trasciende la mera autobiografía para convertirse en una guía fundamental. Al entrelazar la experiencia real de la autora con herramientas clínicas como la terapia narrativa o el enfoque New Maudsley, la obra permite comprender el inmenso impacto que un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) tiene tanto en quien lo padece como en su entorno. Este abordaje no solo alivia la culpa de las familias, enseñándoles a ser ese «San Bernardo» que guía y sostiene desde la calma, sino que también nos interpela a todos como sociedad. Al final, la curación es un camino compartido que exige empatía, educación y, sobre todo, respeto; no en vano, como sentencia la propia Elisabeth Karin a modo de contundente recordatorio final: «…hablar del cuerpo de los demás debería estar prohibido».


