Estas últimas semanas doy muchas vueltas por y en torno a Nou Barris desde múltiples sentidos. Al investigarlos me surgen preguntas producto de tanto caminar sus rincones, estos meses medio de moda por El47, una película más bien populista que tiene el centro de acción en Torre Baró, una de las cimas de la ciudad y este distrito, existente como tal desde 1984.
Catorce años atrás, en 1970 surgió un amplio movimiento vecinal que quería evitar un plan parcial que pretendía eliminar 4370 viviendas para dejar más suelo a las inmobiliarias en Torre Baró, Vallbona y Ciutat Meridiana, a los que se unieron La Trinitat nova y la vella, Roquetes, La Prosperitat, Verdum y la Guineueta.
Esa es una génesis que permite comprender el territorio desde una vasta totalidad, en la que, sin embargo, faltan barrios por cómo fueron urbanizándose y, asimismo, un agrupamiento particular para configurar el Distrito, donde sin ir más lejos Vilapicina y el Turó de la Peira son bichos raros con Can Peguera, de morfología toda suya y en una ubicación límbica como base del Turó de la Peira e ingreso a Nou Barris.

Hoy parece que vaya para atrás, como los cangrejos, y al menos así será durante unos párrafos. A finales de agosto de 1957 la policía terminó con la vida del anarquista José Luís Facerías, al que una edición de La Vanguardia de aquellos días llamó José Lluís, en una especie de deseo catalanizador. En ese artículo del 31 de agosto sobre el suceso se sitúa el tiroteo “cerca del manicomio de San Andrés”, algo debido a cómo el antiguo pueblo tuvo un salvaje radio de influencia más allá de sus fronteras actuales.

Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que el mantenimiento de esa pertenencia en una fecha tan próxima como 1957 es un síntoma de cómo toda la zona de los futuros Nou Barris no tenía ningún tipo de identidad propia, es más, por no tener apenas disponía de infraestructuras, pocas conexiones y menos aún habitantes, sobre todo en la Guineueta, que en realidad existía más bien por el homónimo torrente y una masía desaparecida en los años 40, a no confundir con el trozo de edificio superviviente de otra finca rural, Ca n’Amell Xic, en el Parc Central del Distrito.
Las fotos aéreas muestran la evolución, supeditada en cierto sentido al Asilo mental del Hospital de la Santa Creu, el sueño del doctor Pi i Molist, cuya calle, que no avenida era una pasarela hacia ese malfamado manicomio, con 12 pabellones en su esplendor y un progresivo desmantelamiento hasta 1987 que coincidió tanto con un cambio radical en el tratamiento a los enfermos como con la reconversión de tres de sus naves en sede del Distrito.
Hacia 1960 un habitante de Can Peguera podía mirar a ese horizonte y ver una inmensidad de campos con alguna masía esparcida, que tienen a bien recordar con placas los vecinos, y algunos tiralíneas, insinuación de venideras urbanizaciones. La de la Guineueta se enmarcó entre el passeig Valldaura i la via Favencia. Según Alejandro Montes, cuyo documento de final de carrera sobre la cuestión es de gran ayuda por su precisión con los datos, este polígono triangular se construyó entre 1962 y 1964 mediante tres promociones de la Obra Sindical del Hogar, la inmobiliaria DARSA y la Cooperativa la Puntual. Se edificaron 128 edificios en una superficie de 30 hectáreas. Su espacio interno, con bloques de distintas alturas, se ordenaba con la posibilidad de crear plazas verdes y tener metros para los más pequeños, algo cumplido a medias, como casi todo, pues el conjunto se pensó a bajo coste, con materiales deficientes que anunciaban deficiencias futuras.
En la foto aérea de 1974 se observa cómo el sur de La Guineueta empieza a llenarse de una densidad bestial fruto de dos promociones inmobiliarias. La adyacente a passeig Valldaura es Calinova, mientras el enjambre junto a passeig Urrutia es Barcinova, cuyos anuncios eran una orgía de viviendas, 3600, como si se divirtieran en ese hacinar seres humanos en verticalidades de la periferia.

Esta es una de las diferencias entre el polígono y estas urbanizaciones. El primero era, sin exagerar, una degeneración de un muy noble espíritu de la dictadura desde perspectivas mezcladas entre lo social de José Antonio Primo de Rivera y un no perder comba ni con lo positivo del pasado ni con las tendencias modernas. De esta larga experiencia nacieron conjuntos como la Urbanización Meridiana, el barrio del Congrés o Montbau, decadencias como Torre Llobeta, horrores cínicos como el Turó de la Peira y errores remediables como el polígono sudoeste del Besós o el de la Guineueta, que deberían reaprovecharse al tener una esencia en la que fácilmente se puede intervenir para mejorar.
De hecho, el polígono percibe cómo su unión con el dueto Barcinova- Calinova es una incongruencia porque la distinta morfología de ambos y factores geográficos, sin olvidar los históricos, han generado dos personalidades que de similar sólo tienen el nombre y por lo tanto requieren ser pensadas por separado.
El terceto de la Guineueta para completar esta introducción a sus dominios, que se comprenden mejor caminándolos, sería su parque, por donde pasaba el torrente. En la prensa franquista localicé una nota de 1967 en la que se hablaba del gran bien que supondría. Se inauguró en 1971 y su diseño corrió a cargo de Joaquín Casamor, director de parques y jardines de la capital catalana hasta 1986.

Tras la muerte de Franco y la llegada de la Democracia todo ese verde se llenó de simbologías que comentaremos en próximas entregas. En el instante del corte de su cinta enlazaba con el enlazar bien el tejido de esos Nou Barris aún anónimos que reivindicaban mejoras de todo tipo desde una conciencia vecinal que simplemente pedía vivir en un lugar acorde a su condición humana, con equipamientos, transporte público, plazas, bancos y todo aquello que crea un barrio, eso que si no se tiene, se reclama porque es un derecho democrático que en estos márgenes practicaban incluso antes de la defunción del dictador en la cama.

Y en el polígono de La Guineueta no tenían conexiones con los barrios vecinos como en el Congrés o en la Urbanización Meridiana. Su orden interno también era estar preso en un laberinto desde el que ir a trabajar para volver y tener el vacío a tu alrededor. Esto no es más así, pero aun aturde caminar por sus calles de nombres estrafalarios al sentir cómo todo entrar o salir de su perímetro jamás se ha reflexionado para sus habitantes, mientras Barcinova y Calinova tienen el privilegio de volar más libres al disponer de más hilos con la civilización.


1 comentario
Este artículo está pésimamente mal escrito. Es una lástima porque el tema es muy interesante pero su redacción es de una torpeza tremenda.