Olga era una vecina comprometida de L’Hospitalet, no aguantó más. Mari Carmen es una vecina resistente de Madrid, ha dicho basta. Lo que les ha pasado no es un error de cálculo, es violencia de clase, pura y dura, de quienes sí que tienen conciencia de lo que es ser clase y como tal abusan de su poder en su «libre» mercado.
Hemos salido a la calle, hemos hecho propuestas, hemos reclamado más pisos de alquiler social, qué lento es todo. La burocracia se ha apoderado de las instituciones y a la oposición fascistoide no le importa, en cambio aplauden la rapidez y «efectividad» con la que llegan los furgones.
Este Club del Garrote y la Bandera (PP, Vox y AC) donde encontramos personajes del cine castizo de hace unas décadas: el amigo de Marcial Dorado, el Carioco, el Gigante de Badalona, la Novia Cadáver o Israel Diaz Ayuso, que nos regala sus ironías macabras en defensa de la propiedad privada y los grandes tenedores.
La gente sale a la calle, corta calles y dice basta. Seguimos reclamando inversión en políticas de vivienda, vivienda social y no olvidar a las personas vulnerables. Reclamamos la regulación de este mercado que tiene de todo menos libertad.
Mientras este club la única propiedad privada que defiende encarnizadamente es la de los fondos buitre. Para ellos, todas las Mari Carmenes y Olgas son elementos perturbadores de la libre competencia, el resto es comunismo bolivariano.
El Carioco hace propuestas políticas y sociales, las resume en un video de TikTok, (o no, quizás no tiene demasiado más que desarrollar y con un minuto ya le llega) que lo único que pretende es criminalizar a las izquierdas y engordar la ignorancia . En un caso claro de vecinas de toda la vida, ellos quieren que veamos a un comando de okupas armadas que pretenden romper España. Su única propuesta social es predir más porras, lanzallamas y que gente como Mari Carmen ingrese en prisión preventiva por haber osado tener un sofá.
Y que decir del desahucio nuestro de la Novia Cadáver; con su discurso y la risotada ante la tragedia social. Que miran el padrón antes que el drama humano. El capitalismo les parece fantástico, y sobre todo la orden de desahucio tiene que estar redactada en un perfecto catalán medieval.
¿Y los jueces? Vaya. A mí se me caería la cara de vergüenza, pero si viven en la avenida Pearson y confraternizan con los grandes inversores (que no propietarios, no olvidemos) como si el desahucio de personas, de familias enteras, fuera un trámite aséptico. Actúan con celeridad mientras mantienen los expedientes de vulnerabilidad dormidos en un archivador.
Quienes gobiernan, a menudo, se limitan a piar en las redes como si no tuvieran las llaves de la Consellería o del Ministerio. Los reyes de hacer comisiones de estudio que tardan tres años en proponer mientras el fondo de inversión liquida —literalmente— en una mañana.
Mientras suenan las alarmas por la lluvia pienso en el panorama que tienen las familias desahuciadas, y cómo la reivindicación y la red social y vecinal es imprescindible. Al final del día, la dignidad se queda en la calle plantando cara, y la miseria moral se vuelve a casa con chófer.
