El miedo es la clave de todo. Quizá por eso en Madrid la sede de la Presidencia de la Comunidad no puede lucir siquiera una placa de Memoria Democrática, pues la Audiencia Nacional suspendió esa calificación hasta nuevo aviso para no perjudicar al gobierno de Isabel Díaz Ayuso, sin ganas de exhibir tener su sede en la vieja Dirección General de Seguridad. Quizá esto sucedió porque el pavor al pasado desde el presente es inconmensurable y vertiginoso.

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Para empezar, voy a contaros una anécdota muy significativa. La fotografía juega un papel muy importante en mi método de investigación urbano. No puedo salir a pasear sin llevar la cámara conmigo y, en la actualidad, mi archivo de imágenes sobre Barcelona conserva casi medio millón de imágenes, que nadie solicitará hasta que fallezca, por eso de ahorrar y aprovecharse mejor de obras ajenas.

Lo curioso es que, al preparar este artículo, consulté los fondos relativos a via Laietana, dándome cuenta de no tener ninguna instantánea tomada adrede de la Prefectura Superior de Policia, sita en el número 43 de esta arteria abierta en 1908 para enlazar mejor el centro con la zona marítima de la capital catalana, a la sazón plagada de centros de poder. 

La Prefectura Superior de Policía a via Laietana 43. Foto: Jordi Corominas i Julián

Quizá no disparé ninguna fotografía a conciencia por miedo, pues, en más de una ocasión, los guardias civiles de Travessera de Gràcia me hicieron borrar mi tarjeta porque, según palabras repetidas a lo largo de los años, los centros oficiales deben permanecer fuera de miradas ajenas, es decir, no oficiales.  

O, si quieren, la cantinela de Max Weber, según la cual el monopolio de la violencia corre a cargo de la legalidad, que puede plantar cámaras para controlar a la ciudadanía y, también, vayamos al grano, declarar el 18 de julio de 2026 a la protagonista de este texto como lugar de Memoria Democrática, eso sí, sin sacar a la policía del recinto, pues, tal y como defiende el President Salvador Illa, las fuerzas del orden respetan el actual orden vigente. 

Eso, como declaración, no desentona con el bien quedar del líder socialista, que olvida, como, desde 2003 hay peticiones para que el interior de ese epicentro de torturas sea accesible a los ciudadanos para, así, poder recordar mejor lo que sucedió desde, al menos, 1941, cuando pasó a ser la central de la represión en Barcelona.

La antigua Dirección General de Seguridad de Madrid, en la actualidad sede de la Comunidad presidida por Isabel Díaz Ayuso. Foto: Jordi Corominas i Julián

El miedo es la clave de todo. Quizá por eso en Madrid la sede de la Presidencia de la Comunidad no puede lucir siquiera una placa de Memoria Democrática, pues la Audiencia Nacional suspendió esa calificación hasta nuevo aviso para no perjudicar al gobierno de Isabel Díaz Ayuso, sin ganas de exhibir tener su sede en la vieja Dirección General de Seguridad. Quizá esto sucedió porque el pavor al pasado desde el presente es inconmensurable y vertiginoso. Quizá muchos han olvidado como Barcelona en Comú sí puso una placa en 2019, que vándalos de uno y otro lado liquidaron, bien por rabia bien por mala conciencia. Quizá, si sigo así pareceré un Bolero, por eso determinados medios de comunicación no se atreven a escribir reportajes sobre tan espinosa cuestión, como si la memoria fuera un problema, cuando, en realidad, es una praxis para vertebrar tiempos históricos, sanear ruidos y asumir tanto heridas como errores para avanzar hacia el futuro, sí, sin miedo.  

Los extremos suelen tocarse, pero aquí hay dos antípodas que muestran la desconexión de la política con la sociedad civil.  La Comissió de la Dignitat es uno de los grupos que apuesta por convertir Via Laietana 43 en un centro de memoria e interpretación de la tortura. Llevan cinco años de concentraciones delante del edificio, con 170 testigos de las crueldades perpetradas durante la dictadura. Estas valientes declaraciones también han sido útiles para identificar a 42 agentes responsables de maltratos, palabra que suena demasiado suave. 

Esta primavera, para que pueda entenderse mejor la distancia de posiciones, se han producido dos hechos remarcables. Mientras la Comissió expone, la justicia sólo reconoció por vez primera las torturas de vía Laietana a mediados de marzo. Dos meses más tarde, en una tribuna de El País, Rafael Argullol escribió sobre los malos tratos recibidos en los calabozos. Quizá es el único intelectual merecedor de ese nombre que se ha mojado en el asunto durante los últimos tiempos.

Desde mi punto de vista hay muchos factores clave, que quiero anunciar desde una cierta diferencia, pues doctores tiene la Iglesia, cuyos curas protestaron en mayo de 1966 contra la actuación policial, y la mayoría son redundantes.

Vista del exterior de la cárcel Modelo de Barcelona. Foto: Jordi Corominas i Julián

Via Laietana 43 no puede ser como lo realizado en la cárcel Modelo, que será un lugar de memoria, pero sus horarios son lamentables, como si el recuerdo fuera una mezcla entre espectáculo y pedir permiso para acceder a la misma. 

Para desmarcarse de esta tipología conviene trasladar la policía nacional fuera del centro, entre otras cosas porque la via Laietana ya no puede ser el eje de control desde el que fue concebida, como si se tratara de una de las avenidas radiales de Haussmann en París. El edificio, una de las fincas más antiguas al ser previa a la reforma financiada en parte por los herederos del negrero Comillas, debe adaptarse a un uso museístico constante con capacidad para narrar la trascendencia de este enclave condal.

Para ello hay infinitud de posibilidades, desde lo transmedia, que incluya las referencias culturales surgidas durante la Democracia, de Montalbán a Martínez de Pisón, de los documentales a las reivindicaciones ciudadanas, así como otra opción poco esgrimida: abrir los archivos de la represión, inaccesibles para el 99% de la población desde la muerte del Dictador.

Vista de la vía Laietana, a la izquierda el tramo de la Prefectura Superior de Policía. Foto: Jordi Corominas i Julián.

El Ateneu de Memòria Popular ha luchado para desclasificarlos. Sin embargo, sorprende como su iniciativa no ha recibido más apoyos de la clase política, más feliz tirándose dardos sin tomar cartas en el asunto mientras unos acusan a otros de falta de ambición y todo se queda en palabrería, por supuesto hueca. 

La Memoria para ser eficiente debe activar determinados mecanismos, otra cosa es si hay verdadero interés de la administración por los mismos, sobre todo en la Barcelona y la España de nuestra época, donde el exceso de información provoca desinformación, causa de una mayor ignorancia generalizada, pues las neuronas poco a poco pierden la capacidad de hilvanar procesos.

Si esto es con el presente imagínense con el pasado. Quien escribe nació después de 1975 y tiene memoria por interés, educación familiar y vocación. Soy consciente de cómo esto cada vez es más extraño. Por eso temo que, dentro de no tanto, via Laietana 43 no signifique nada para venideras generaciones Y eso, concordarán conmigo, sólo perpetuará el miedo, esta vez desde otra modalidad de silencio e inacción.

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Jordi Corominas i Julián

Ciudadano europeo y escritor. Mi último libro es «La ciudad violenta».

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