¿El movimiento independentista de Cataluña es un movimiento populista? En una conferencia que impartí hace un año sobre los movimientos populistas en Europa, me hicieron esta pregunta y respondí a ella afirmativamente. Sí, unos cuantos criterios podrían sostener esta información sobre el independentismo catalán hoy.
Actualmente, cuando se habla de populismos, se hace referencia a movimientos y partidos similares en todo el mundo, pero con matices y tendencias diferentes: bajo este término podríamos incluir los movimientos de extrema derecha que se extienden un poco por todo el mundo occidental, los movimientos nacionalistas normalmente identificados con la derecha más extrema y los movimientos de extrema izquierda.
De los diferentes posibles conceptos, aquel que, a mi entender, resume mejor la diversidad de modelos es el concepto de neopopulismo, identificado por el profesor de la Universidad de Essex Paul Taggart. El neopopulismo definiría mejor la pluralidad de los modelos que van mucho más allá de los movimientos neofascistas, nacional-populistas o anti-inmigración, que nos rodean un poco por todas partes.
Los movimientos populistas no son una novedad. En Francia, el boulangisme fue un movimiento de finales del siglo XIX que, bajo el liderazgo del general Georges Boulanger, agrupó monárquicos, militares rebeldes y hambrientos, junto con sectores de izquierda y extrema izquierda que querían poner fin a la legalidad de la tercera República, levantando la bandera del nacionalismo más radical, incluso, fanático, asentado en un espíritu de revancha contra los alemanes. Más recientemente existió el peronismo, liderado por el general Perón, con un amplio sector popular y sindical, en contra de las élites y el precario sistema político argentino. Ni que hablar del fascismo y del nazismo, que entrarían dentro las definiciones clásicas de los movimientos populistas, esta vez de matriz totalitaria.
Para poder responder a la pregunta inicial de mi artículo convendría definir cuáles son los aspectos que estos tipos de movimientos comparten.
1. En nombre del pueblo
En primer lugar, estos movimientos dicen -o pretenden- representar todo el pueblo de un país o de una nación. Por eso llamamos populistas: se autodefinen con el pueblo. Ellos representan -eso dicen- el pueblo, y sin ninguna limitación hablan siempre como los verdaderos representantes del pueblo. ¡El pueblo son ellos! Y ellos saben qué quiere el pueblo. En su concepto de pueblo no existe el pluralismo. A menudo el pueblo y la nación es una realidad homogénea, compacta, sin fisuras. No hablan de los ciudadanos o ciudadanas, sino del pueblo.
En el concepto de pueblo, la ciudadanía se funde en una unidad sin rostros individuales bajo el magma de la nación: ya sea el pueblo alemán, argentino, francés, español, catalán o cualquier otro. Como ellos son el pueblo necesitan el desarrollo de grandes manifestaciones en la calle, con grandes performances (ahora, felizmente, en general, a diferencia de épocas anteriores, sin violencia). Esta proclamación de representar todo el pueblo, las masas populares, llega incluso a cuestionar las convicciones individuales de aquellos que no acaban de identificarse con él.
Yo siempre agradeceré al President Tarradellas su famoso discurso en la plaza de Sant Jaume el día de su regreso: «Ciutadans de Catalunya, ja estic aquí!» Fue una lección ante el nacionalismo identitario que tendríamos que digerir y soportar durante tantos y tantos años y que ahora sustenta el movimiento independentista en Catalunya. Desde esta óptica, la óptica de la apropiación ilegítima de la representación de todo el pueblo de Catalunya, puedo afirmar que, en efecto, el independentismo catalán es un movimiento populista.
2. Contra la legalidad vigente
En segundo lugar, en general, los movimientos de este tipo van contra la legalidad y la legitimidad vigente, así como contra el sistema. Tienen en común un sentimiento de rechazo a los modelos constitucionales liberales, al parlamentarismo representativo y un gran desprecio por la legalidad vigente, ya sea como consecuencia de constituciones débiles o poco asentadas, o de determinados procesos de corrupción de las instituciones políticas, o de la crisis del sistema de partidos políticos, de la debilidad del poder de los ejecutivos correspondientes, o como consecuencia de crisis sociales y económicas de gran tamaño.
Para ellos, el sistema es corrupto y ellos se presentan como la alternativa para regenerar la vida política y social. Unidas Podemos, partido político que en mi opinión tiene rasgos de movimiento populista, nace como resultado de la gran crisis económica e institucional a partir del año 2011 (15-M), y, en parte, este ha sido su relato principal, hasta llegar al poder con el PSOE.
El movimiento independentista catalán, también en buena parte surgido de la misma crisis, más la sentencia del Tribunal Constitucional, se ha presentado como un movimiento contra de la legalidad actual, “el Régimen del 78”, con un menosprecio de la legalidad española, incluso la catalana, que ayudaron a construir e incluso gestionar durante muchos años. La particularidad del proceso catalán es el hecho de que, a pesar de que cuestionan la legalidad y el sistema, se encuentran en el poder de las denostadas instituciones de autogobierno. Este segundo aspecto, el independentismo catalán también lo comparte con el resto de los movimientos populistas.
3. “Identificar un enemigo culpable de todos los males”
La identificación de un enemigo a abatir, que representa el culpable de todos los males del pueblo, junto con la aspiración de su liberación, representan el tercer aspecto común de los populismos. Para el boulangisme, el enemigo a abatir era Alemania, condición para la liberación del pueblo francés; para el peronismo, las élites burguesas que oprimían al pueblo argentino; para el nazismo lo eran los judíos, culpables de todos los males de los alemanes y la propuesta del esperado despertar y liberación pasaba por Lebensraum (recuperación del espacio vital). Para Trump, Le Pen u Orbán, los enemigos son los inmigrantes, el establisment o la Unión Europea, o todos ellos a la vez.
La argumentación del populismo se asienta más en la emoción que en la razón, se asienta en un argumentario sencillo y claro, sin matices, rechazando las respuestas complejas, como piden nuestras sociedades complicadas y altamente enrevesadas. Un caso bien claro: para Trump, ejemplo de los nuevos populismos, las elecciones estadounidenses han sido un fraude. Sí, un fraude y nada más.
Para Bolsonaro, en Brasil, la emergencia climática es un invento de las élites europeas, nada más que eso. Para Le Pen, las causas de los males de Francia se encuentran en la inmigración. Para Johnson, en Gran Bretaña, los males de su país están en la Unión Europea. Para Junqueras y Puigdemont, los males de Catalunya se encuentran en España. Para VOX, los males de España se encuentran en Catalunya, en Euskadi y en la inmigración. Ante los relatos con respuestas fáciles a problemas complejos y de gran profundidad, las fuerzas democráticas tienen problemas de levantar un relato como respuesta que llegue a la gente. En este sentido, también podemos identificar el proceso catalán como populista.
4. La posverdad
Un cuarto aspecto es el uso de los medios de comunicación y de la utilización sistemática de la post-truth (la posverdad) y las fake news como relato para hacer llegar sus mensajes a la opinión pública. Los dirigentes de los movimientos populistas no tienen dudas ni escrúpulos. Están tan interesados con su «verdad» que saben modelarla, distorsionarla y manipularla al servicio de su propuesta. La verosimilitud sustituye a la veracidad. ‘Lo que pudo ser’ suplanta los hechos y representa una realidad al servicio de su imaginario.
Las redes sociales y su impunidad actual favorecen la transmisión de mentiras o de medias verdades a toda velocidad y se han convertido en el vehículo más preciado de los movimientos populistas. La combinación de la falta de cualquier tipo de ética, Trump es un ejemplo, y la impunidad de las redes permiten la circulación, por todas partes, de mentiras que sacuden y desconciertan la opinión pública y, de manera especial, aquellos sectores sociales con menos medios y cautivos de determinados medios que llenan su imaginario. Un americano que ve solo Fox News vive un imaginario muy particular de matriz republicana.
El uso sistemático de las mentiras y de la manipulación de los hechos contrastados y veraces es una amenaza central contra los sistemas democráticos y contra el derecho de los ciudadanos de recibir una información veraz. Habrá, y no es ni evidente ni fácil, que buscar instrumentos de regulación con el amparo judicial-administrativo para hacer frente a esta realidad que hoy está mermando nuestras imperfectas pero indispensables democracias liberales. Aunque el Procés ha utilizado a menudo fake-news o ha distorsionado la realidad, aunque la televisión pública de Catalunya, TV3, sólo se dirige el 48% de la población catalana, la independentista, y que alimenta el proceso, no puedo afirmar que esta sea una característica del independentismo.
5. El liderazgo único
Y el quinto factor que comparten los movimientos populistas es el liderazgo de una persona que se convierte en el referente del proyecto. Salvini, en Italia, Trump, en Estados Unidos; Johnson, en Gran Bretaña; Le Pen, en Francia; Orbán, en Hungría, Bolsonaro; en Brasil, Duterte, en Filipinas; Maduro, en Venezuela; Erdogan, en Turquía y Modi en India, entre otros.
No hay movimientos populistas sin un líder de referencia. Lo hemos visto en Estados Unidos con la devoción casi religiosa de determinados sectores hacia Trump. Lo mismo ocurre con Salvini, Duterte, Bolsonaro. Lo vimos con Mussolini, Hitler, Stalin, Boulanger, Perón e, incluso, con Franco. Sin un líder que represente el proyecto, los populismos no tienen su referente, su espejo, su conductor.
Y si hasta ahora hemos podido decir que el movimiento independentista catalán probablemente se identificaba, con matices importantes, con los tres primeros criterios apuntados más arriba y, en parte, con el cuarto, el quinto factor tambalea. La lucha encarnizada entre Oriol Junqueras y Carles Puigdemont debilita y divide este movimiento. La lucha por el liderazgo y control del Procés marchitan el relato, el mensaje y las bases. Los dos líderes generan admiraciones en cada grupo y rechazo y desconfianza mutuos en lo contrario.
Los movimientos populistas no pueden aceptar la generación de incertidumbre, de desconcierto, de inseguridad, de desconfianza. Este es el punto más débil del movimiento independentista catalán y, probablemente, la razón de su declive.
En resumen, ¿el movimiento independentista catalán es un movimiento que podría identificarse con los neopopulismos? Sí. Es un movimiento de extrema derecha, no. ¿Es un movimiento racista? No. Es un movimiento nacional-populista que hace de la patria catalana y su liberación el centro de su propuesta, sí.
¿Cuál será su futuro? No lo sabemos.


1 comentari
El Sr. Josep Maria Carbonell és membre del PSC, oi? El partit que va anar de bracet amb la triple dreta espanyola en les jornades crucials de setembre i octubre de 2017… Entesos, doncs.
Com es podria qualificar la política d’aquest partit, després que tants dels seus membres històrics l’hagin abandonat?