Aunque pueda parecer sorprendente, los eunucos tienen dos aspectos en común con muchas personas LGTBIQ actuales: un momento inaugural traumático y una necesidad de herramientas teóricas específicas para ser vistos en toda su variedad. Así lo prueban los últimos estudios históricos, que apuntan a la existencia de una inadecuación y una violencia colonialista de la teoría sobre el estudio de los eunucos que aún persiste en la actualidad, ahora dirigida hacia los sujetos trans*. En este breve texto situaré en la misma línea genealógica al hombre eunuco y a la persona trans* y argumentaré que el debate actual en torno a la experiencia del segundo se está dando en los mismos términos colonialistas que hicieron del eunuco un tercer sexo despreciable en el S.XIX.
Ya desde la dinastía Shang (1600-1046 a. C.) las inscripciones halladas sobre huesos oraculares apuntan a la existencia de hombres que vivían separados de su órgano reproductor, y se tienen registros de la palabra para referirse a ellos (eunuco / 閹⼈ yānrén) desde la época de los Zhou (1046-771 a.C.) Aunque inicialmente la castración o emasculación se consideraba una de las cinco mayores penas a la que podía ser condenado un esclavo, en la dinastía Han (206 a.C-220 d.C) los eunucos ya gozaban de gran libertad económica, política y personal. Tanto es así que, como prueban los estudios realizados sobre textos del periodo republicano (1912-1949), ellos mismos eran los agentes de su propia transformación y los responsables de traer al mundo a las nuevas generaciones de eunucos. Esto sería clave para el experimento teórico que me propongo ya que, si entrar a formar parte de este grupo social requería una iniciación y una intervención -no siempre quirúrgica- que era supervisada por los propios eunucos y no por agentes externos, como escribe Howard Chiang en su libro After Eunuchs (2018), estaríamos hablando de un modelo de reproducción social y cultural al margen de la biología; una suerte de práctica autogestionada de (re)producción de eunucos que indicaría una posibilidad de autodeterminación del cuerpo para estos hombres.
En su libro, Howard Chiang también muestra cómo las fuentes históricas señalan que la identidad sexual y de género de los eunucos permanecía inalterada tras su transformación corporal y que muchos de ellos no sólo disfrutaban del privilegio social masculino en la política y la economía, sino que también conservaban su deseo sexual. Entonces, ¿por qué los primeros colonos británicos y franceses se refirieron a ellos como “el tercer sexo” y no como hombres?
Todo parece indicar que el obstáculo que impidió a los primeros colonos británicos y franceses concebir a los eunucos como hombres fue, como actualmente ocurre con el fenómeno trans*, consecuencia de la epistemología occidental de la diferencia sexual y de nuestra ontología política en torno al sexo. Este marco epistemológico de la diferencia sexual al que me refiero es una norma cultural por la que se ha acordado que la verdad del sexo es binaria y ha de estar presente en el cuerpo, ya sea de manera visible o, diciéndolo con Derrida, de forma espectral. Es decir, en la entrepierna siempre hay o falta algo, y esto es determinante para pertenecer a un sexo o al otro. Mi argumento es que esta idea que vertebra nuestro conocimiento de la diferencia sexual es la que, hasta hace muy poco, ha impedido concebir a los eunucos como hombres y sujetos agentes de su propia reproducción social, y también es la que hoy en día nos sigue suponiendo un obstáculo para comprender la existencia de las personas trans*.
Pero, si esta epistemología de la diferencia sexual con la que se colonizó China no supo dar cuenta de la existencia de estos miles de hombres que llevaban viviendo allí cientos de años, además de ser una epistemología ineficiente para explicar realidades alternativas, ¿podría ser que, como apunta Paul B. Preciado, también sufra de un error del significante?
El significante errático al que se refiere Paul B. Preciado en su texto Yo Soy el Monstruo que os Habla (2020) es el pene y su extensión trascendental, el falo. Desde Freud, para el psicoanálisis lo que hay o lo que falta en la entrepierna es siempre el falo. La omnipresencia del falo como marcador de diferencia es clave para la epistemología sexual occidental, tanto es así que, a pesar de que las últimas investigaciones históricas muestran que la corporalidad del eunuco era variada y no requería siempre de la extirpación del pene, los primeros comentaristas británicos y franceses popularizaron una visión homogeneizada de la corporalidad del eunuco como cuerpo al que necesariamente se le había extirpado el pene. La difusión prioritaria de aquellos comentarios que aseguraban que ningún eunuco tenía pene facilitó, en vista de la falta del significante en sus cuerpos, denegarles el tratamiento de hombre y pasar a denominarlos el “tercer sexo”. No parece casual entonces que sobre la figura del eunuco se construyera parte del discurso colonialista que caracterizó a China como un cuerpo geopolítico marcado por la falta y justificó el asedio de lo que occidente llamó “el enfermo de Asia” o “la cultura castrada”.
A día de hoy, la revisión de la genealogía de los eunucos deja en cueros cualquier intento de instaurar un régimen ontológico en términos falocéntricos que sirva para dar testimonio de las experiencias y la historia de estos hombres en toda su variedad, ya que lo más ajustado a la realidad histórica sería aceptar que el cuerpo del eunuco podía tener pene o no tenerlo, podía no tener testículos, pero también podía conservarlos después de haber sido inutilizados química o manualmente para la reproducción biológica, y en cualquiera de estos casos, esto no afectaría a su identidad sexual o de género ni a su acceso al privilegio masculino, ni tan siquiera a sus posibilidades de tener hijos por otros métodos. De hecho, abundan los casos de eunucos que tuvieron hijos biológicos fruto de relaciones sexuales previas a su intervención o que los adoptaron una vez habían sido incapacitados para fecundar por sí mismos.
Esto no es tan sorprendente si se tiene en cuenta que, antes de la llegada del discurso occidental en el S.XIX, en China el significante maestro de la diferencia sexual no era el pene/falo. En China, tradicionalmente la marca de la diferencia sexual no se había imaginado en el pene, ni siquiera en los testículos o en el útero, cuyas funciones reproductoras se conocían desde hacía cientos de años. Por contra, como puede comprobarse en distintos registros médicos y taoístas, la diferencia sexual venía determinada por el comportamiento de la sangre y por el embarazo, y aunque hay que subrayar que en ningún caso este modelo fue más ventajoso para las mujeres que su versión occidental, sí que nos puede permitir mirar al debate actual sobre la cuestión trans* desde una epistemología sexual poscolonial que nos ayude a imaginar una alternativa a la centralidad incontestable del pene y de la pretendida verdad factual, anatómica y visible del sexo.
La alternativa que yo propondría a partir de esta perspectiva poscolonial sería la de considerar el sexo en términos de experiencia y no en términos factuales inmutables, pero esto queda fuera del alcance de este texto. Lo que sí se puede concluir tras conocer la historia de la figura del eunuco es que cualquier giro epistemológico que nos permitiera asumir y comprender la realidad trans* sin violencia dejaría sin solucionar un problema que los eunucos, que autogestionaban sus procesos de (re)producción social y cultural, no tuvieron que enfrentar y es que, si desplazamos el falo de su posición de significante maestro, ¿a dónde mandamos a quienes gracias a haber localizado la verdad del sexo en el pene/falo han ocupado durante tanto tiempo la posición de jueces y mamporreros epistémicos en la (re)producción del cuerpo trans*?


2 comentaris
Aquest article tenia un comentari amb plantejaments contraris als del autor, i ha estat esborrat. Molt democràtic l’exemple que doneu. El comentari era totalment respectuós i presentava arguments molt sòlids. Probablement ha estat per aquest mateix motiu que hi ha hagut la necessitat de fer-los desaparèixer. De pluralitat i pensament crític, zero. En breu rebreu una reclamació formal per correu electrònic. Gràcies.
Ha estat un error. Ara he vist que el comentari només és visible quan es consulta l’article en català. M’interessava veure si s’havia generat un fil de discussió al voltant de la temàtica presentada, però veig que no. Gràcies i, si us plau, accepteu les meves disculpes.