1. Yo siempre he defendido y sigo defendiendo la inmersión lingüística, por dos motivos. Porque esto ha ayudado a la pervivencia de nuestra lengua (y toda lengua, sea mayoritaria o minoritaria, es una riqueza), pero también porque ha sido un factor de integración social de aquellos catalanes que no tienen el catalán como lengua materna. Recordar sólo que esto es lo que tuvieron claro los castellanohablantes que fueron los primeros que pidieron que la escuela enseñara catalán a sus hijos e hijas.
Pero, además, yo considero que ha sido una medida que ha tenido bastante éxito. Según el último informe del IDESCAT de 2018, el 94% de la población entiende el catalán, el 81,2% lo sabe hablar, el 85,5% lo sabe leer, el 65,3% lo sabe escribir y el 64,7% tiene conocimiento en todas las habilidades. Y respecto al castellano, el 99,8% lo entiende, el 99,5% lo sabe hablar, el 98,5% lo sabe leer, el 97,6% lo sabe escribir y el 97,5% lo sabe hacer todo.
En una sociedad tan diversa y con gran parte de la población venida de fuera, se puede decir que los datos no son negativos.
2. Teniendo en cuenta estos datos y teniendo en cuenta, además, que en las últimas pruebas de evaluación del curso 2019-2020 el alumnado tenía una nota media de lengua castellana cuatro puntos por encima que la media de la lengua catalana, la sentencia que obliga a hacer más idioma castellano es un auténtico absurdo. No tiene fundamento alguno en la realidad, ni se basa en ningún criterio pedagógico. Invade competencias territoriales y sólo sirve para promocionar un conflicto inexistente en la sociedad catalana.
Y esto se ve claro si recordamos que en el 2010, de 1.600.000 alumnos que hay en Catalunya, sólo 81 familias reclamaron el castellano en la escuela. Pero en Catalunya, recordémoslo también, nació un partido político el que tenía, y sigue teniendo, como único objetivo crear esta polémica. No tiene ningún sentido decir que debe reforzarse el castellano en la escuela, cuando se demuestra que más del 99% lo domina.
3. Pero también es verdad que la reacción de Catalunya a la sentencia tiene mucho de contradictorio. Porque, de hecho, a pesar de que el catalán se supone que es la lengua vehicular en todas las asignaturas (¡menos el castellano, por supuesto!) en muchos lugares, antes de la sentencia, ya se daban más del 25% de clases en castellano. El mismo conseller de Educació, en noviembre de 2021, declaró que el 46,8% del profesorado de la ESO no siempre se dirige en catalán a su alumnado. Y si investigamos a fondo seguramente encontraríamos que, en algunos centros, el porcentaje es aún mayor.
En definitiva, que la Generalitat NO ha realizado su trabajo. Las aulas de acogida, que eran una buena herramienta para el alumnado recién llegado que no sabía nada de catalán, han ido desapareciendo. Las ratios, o el número de alumnos por aula, siguen siendo muy altas, lo que dificulta mucho la atención más individualizada para aquel alumnado que no domina la lengua y, finalmente, el grado de segregación escolar que tenemos en Catalunya hace que un tipo de alumnado (inmigrantes, clases populares, otras etnias, etc) se concentren en unos centros determinados, lo que hace que los chicos y chicas no puedan socializar con los catalanohablantes, lo que dificulta mucho la inmersión, ya que no se trata sólo de que el profesorado hable catalán en el aula sino que en el patio puedan jugar e interrelacionarse también con compañeros y compañeras catalanohablantes.
Lo he denunciado en muchas ocasiones, la doble red en nuestro sistema educativo crea mucha segregación y esto es del todo negativo, tanto para el aprendizaje en general como para el uso del catalán en particular.
Es necesario continuar con la inmersión lingüística, poner más recursos y hacer una mejor acogida a los recién llegados, pero también recuperar el respeto por la lengua castellana y desligar la lengua de las opciones políticas e identitarias
4. También, según los últimos datos, el uso habitual de la lengua catalana está en un 36%, y se ha perdido medio millón de personas respecto al 2005. Éste es un dato preocupante. Pero debemos mirar también porque está pasando.
Por un lado, el aumento de la inmigración fuera del Estado. Hemos pasado del 2,90% en 2000, al 15,95% en 2010 y al 16,20% en 2020. La inmigración extranjera no tiene las mismas características que la inmigración de los años 50 y 60, que venía del resto del Estado y tenía la intención de quedarse y arraigar en Catalunya. La inmigración actual es más volátil, muchos piensan volver a su país, y muchos no tenían ni idea de que en Catalunya se hablaba otra lengua. Y, además, las personas extranjeras que no vienen de América Latina deben aprender no una lengua nueva, sino dos. Todo esto dificulta más la integración lingüística, y más si desde la Administración no se facilita el aprendizaje del catalán a las personas adultas ni se ponen los medios para una buena acogida. No olvidemos que la Ley de Extranjería deja a muchos inmigrantes fuera de todo: papeles, trabajo, vivienda…
Por otra parte, la cuestión nacional y la actitud supremacista de un sector del independentismo ha creado un gran rechazo en muchos catalanes de origen español, los cuales se han sentido rechazados y atacados y se han defendido reafirmandose en sus orígenes y en su lengua. Despreciar al castellano y a las personas que lo tienen como su idioma no es la mejor manera de invitar a hablar catalán.
También hay factores externos a todo esto, y es que las nuevas tecnologías, las plataformas digitales, las plataformas de cine y el propio cine no han facilitado en absoluto el uso de nuestra lengua. Y TV3, que había sido un factor de reclamo, sobre todo para los más pequeños, de la lengua catalana, ha perdido su fuerza.
5. Para acabar, es necesario continuar con la inmersión lingüística, poner más recursos y más formación, hacer una mejor acogida a los recién llegados y poner clases de catalán a su alcance, acabar con la segregación escolar y reducir las ratios en los centros educativos. Es necesario favorecer la socialización entre los catalanohablantes y los castellanohablantes, hay que evitar los guetos escolares. Y haría falta también que en el resto del estado, en las escuelas, se dieran nociones de todas las lenguas cooficiales que hay en el Estado español.
Y también es necesario recuperar el respeto por la lengua castellana y por las personas que lo tienen como lengua materna, hay que desligar la lengua de las opciones políticas e identitarias y valorar todas las culturas que conviven en nuestro país.
Si queremos aumentar el uso del catalán debemos seducir, no imponer.


1 comentari
Estimada Rosa,
Siento decirte que no has hecho ninguna reflexión sobre uso de la lengua vehicular en los centros de enseñanza, te has dedicado a repetir los mismos tópicos, clichés y tergiversaciones que llevamos escuchando desde hace años. Por otro lado fácilmente desmontables pero que apenas tienen respuesta en los medios y, a modo de excepción, queda este comentario como respuesta a tanta mentira y desfachatez. Veremos si sale a la luz y puede generar un debate tan necesario como silenciado:
1- Tergiversas el debate sobre el monolingüismo vehicular y lo limitas a dos asignaturas: el castellano y el catalán. Como si la supresión de todas las lenguas (como herramientas para la transmisión de conocimientos), a excepción de una, sólo tuviera repercusiones en esas dos materias. Primera manipulación. Es falso y lo demuestra el estudio de la Fundación Europea Sociedad y Educación:
http://www.sociedadyeducacion.org/site/wp-content/uploads/SE-Inmersion-Cataluna.pdf
El monolingüismo vehicular perjudica académicamente a los alumnos castellanohablantes, este estudio se centra en tres asignaturas, en matemáticas no se dan esas diferencias al tratarse de un lenguaje universal.
No se trata del nivel de castellano o de catalán, que por cierto no dices la fuente de la que extraes esa afirmación, sino de todos los resultados académicos ligados al uso de una única lengua vehicular cuando ésta no es tu lengua materna.
Y esto es muy fácil de demostrar en cualquier exposición oral donde determinados alumnos no juegan en igualdad de condiciones respecto a sus otros compañeros. Lo sabe cualquiera, no he descubierto la sopa de ajo. Tiene un nombre y es discriminación.
2- Dices que la inmersión lo pidieron los padres en su momento, ¿en los años 80?, y dime, ¿es que acaso no se les ha vuelto a preguntar?, ¿o es que ahora no interesa lo que tienen que decir?. Pues resulta que sí que les han preguntado y a día de hoy sólo un 9% siguen apoyando ese modelo:
https://www.elmundo.es/espana/2020/12/21/5fe0688bfdddffa1328b4694.html
De hecho el 64% optan por el modelo trilingüe, como es lógico.
¿Has pensado que si no hay más reclamaciones de los padres es por miedo a sufrir las amenazas, señalamientos y coacciones que recibió la familia de Canet?. Es vergonzoso que señales la falta de reclamaciones como prueba de que el modelo es aceptado por las familias, obviando las amenazas sufridas y las encuestas realizadas. Vergonzoso.
Segunda mentira, Rosa. Seguimos.
3- Dices que incluir el castellano no es un criterio pedagógico. Falso. ¿Te suena las competencias básicas?. Lo de dotar al alumnado de las herramientas necesarias para su desarrollo más allá de la etapa educativa, de profundizar en las habilidades y estrategias más que en los conocimientos, ¿no?. Pues díme, ¿cómo va a desarrollar el alumnado esas competencias si se le da una única herramienta lingüística?, ¿qué aporta el monolingüísmo vehicular para el desarrollo competencial del alumnado que no pueda mejorar el bilingüismo vehicular?. Nada, el monolingüismo no es una herramienta válida, es una aberración pedagógica. No hay que pensar en términos cat/cas, sino mono/bi… y aquí es donde radica el meollo del asunto: en la tergiversación de los términos, enfangando el debate, enquistando posiciones e imposibilitando una solución consensuada.
4- No hay integración lingüística, ni cohesión social, si sólo es una parte la que tiene que integrarse o cohesionarse. Eso es hipocresía social, cinismo puro y duro. A parte de una visión reaccionaria de la función de la educación pública, vista por algunos como formadores del espíritu nacional. La escuela no está para erradicar todas las lenguas a excepción de una que hay que defender por ser la «propia», la escuela está para garantizar la igualdad de oportunidades y el ascenso social. ¿Cómo se valoran sus resultados?. A través del fracaso escolar:
https://www.elconfidencial.com/espana/cataluna/2017-03-01/informe-pisa-castellanohablante-alumnos-escuelas-cataluna_1340886/
Y como podéis ver es el doble en los castellanohablantes. A eso también se le llama discriminación.
4- Y último, Rosa. Terminaría con una pregunta: ¿Si el TS hubiera sentenciado que el 25% fuera en inglés y no en castellano, hubieras escrito este artículo?.
Y aquí es cuando hay que poner toda la carne en el asador, la hispanofobia es racismo, así de sencillo. Hay directrices racistas desde las Conselleries, inspecciones o direcciones, ¿qué se puede esperar de los partidos identitarios?, ¿integración?, ¿cohesión?… ¿inmersión?, no claro, eso es para “ellos”, los “otros”. Se podría hablar, incluso, de un racismo institucionalizado ejercido en defensa del catalán pero dirigido no sólo contra los castellanohablantes, sino contra la gran mayoría, que es bilingüe. El bilingüismo es el objetivo, al alternancia, la posibilidad de escoger y adaptarse, ese amplio abanico es visto como un peligro para esa Catalunya monolingüe soñada por fanáticos e imposible de llevar a cabo sin amenazas, coacciones o chantajes.
Ojalá este comentario a tu opinión abriera un debate y se pudiera reflexionar sobre el modelo educativo en la Catalunya del s.XXI. Lo dudo, pero es hora de decir basta, hasta aquí ha llegado la mentira. Mantener un modelo post-franquista sólo delata la incapacidad de algunos de adaptarse al contexto actual y a las necesidades de hoy en día. Por una escuela pública y de calidad: Pongamos fin al monolingüismo.