Más de 300 entidades se han sumado este miércoles a la convocatoria de la plataforma Aturem la Guerra (Paremos la guerra), el movimiento pacifista y antimilitarista que nació hace veinte años y que llegó a reunir a más de un millón de personas en el centro de Barcelona contra la guerra en Irak.
En la concentración se podían leer carteles en varios idiomas, entre ellos ucraniano e inglés, en contra de la ofensiva y del presidente ruso, Vladimir Putin, como ‘Putin, stop the war’, ‘No war’ y ‘Peace’. ‘Hoy es Ucrania. Mañana, quizás, tú’, ‘No hay camino hacia la paz, la paz es el camino’, ‘Rusos contra la guerra’ o ‘Acogida real ya: Vías legales seguras’, son otros de los lemas más repetidos.
La actriz Cristina Brondo y el periodista David Fernàndez han sido los encargados de leer el manifiesto unitario, que destaca que “la actual agresión militar del gobierno ruso contra la población ucraniana, fruto de la tensión acumulada desde hace ocho años, impacta en la vida de decenas de millones de personas y empuja al conjunto de la humanidad al desastre”.
Por eso, las entidades, movimientos sociales, partidos y sindicatos adheridos rechazan la agresión y muestran la solidaridad hacia las víctimas de la guerra en un momento en que, según datos de ACNUR, ya han huido de Ucrania más de 500.000 personas, y hasta cinco millones pueden verse obligadas a irse de sus casas.

Aplauso a las personas que se manifiestan en Rusia
Uno de los momentos más aplaudidos de la noche ha sido cuando Fernàndez ha leído la parte referente a las protestas en Rusia: “Nuestro apoyo también es para todas las personas valientes que se manifiestan en las calles de Moscú y en otras ciudades de Rusia para protestar contra las acciones de su gobierno, a pesar de la represión”.
La plataforma anima a “pasar a la acción para parar la violencia” y pide a los gobiernos que actúen para parar la escalada belicista antes de caer en una “guerra de proporciones devastadas”. “No hay solución militar posible: hay que rechazar el modelo de seguridad hegemónico militar mundial, y de la OTAN en particular, abordar las causas estructurales de la guerra y evitar tomar medidas que aumenten el sufrimiento y las tensiones del conflicto”, concluye el manifiesto. Acto seguido, las miles de personas concentradas en plaza Catalunya, unas 3.500 según la Guardia Urbana, han repetido la consigna ‘No a la guerra ni en Ucrania ni en ninguna parte’.

La comunidad ucraniana, emocionada ante las muestras de solidaridad

La comunidad ucraniana, que desde que empezaron los ataques el 24 de febrero se concentra cada día en el centro de la ciudad, ha seguido emocionada las muestras de solidaridad hacia su país. Es el caso de la Svitlana Liubchenko, casada con un catalán, que tiene un hijo de 21 años en Kiev y explica que no hace más que llamarle y enviarle mensajes para saber si está bien, ahora que las tropas rusas han entrado en la capital. “Él está solo, no puede salir de Kiev, todas las noches caen bombas”, asegura, mientras enseña vídeos de explosiones que le envían familiares de toda Ucrania. “Por eso estoy aquí, por mi hijo, por todos ellos”.
En los últimos días, Svitlana ha conocido a muchas compatriotas que participan en diferentes actividades y que, como ella, viven en Barcelona y siguen continuamente las últimas noticias sobre la invasión rusa, como Natalia Savchuro, que llegó hace 16 años y está plenamente adaptada: “Mi nieto, de 14 años, es catalán. Estamos aquí porque no queremos que Rusia domine nuestro país. Ucrania quiere la paz. Hay gente que se pone ante los tanques para pararlos. Si no estamos allí con ellos, es aquí donde tenemos que estar”.

Irina Dzhohola asiente ante los comentarios de sus compañeras. Ella trabaja en una multinacional polaca y hace dos meses que se estableció en Barcelona. También ha trabajado en Rusia, y lamenta que un día antes un antiguo compañero de trabajo ruso defendía a Putin en unos mensajes de WhatsApp. Ella le enseñó vídeos y fotografías de civiles muertos, y él le contestó que podían ser imágenes falsas.
Irina casi no se lo cree: “Decía que no sabía por qué estaba tan enfadada. Mi padre vive en la ciudad de Odesa, solo, y no le puedo ayudar a llegar a la frontera, que está a 150 kilómetros. Estoy aquí porque creo que si la gente sabe la verdad, si conoce la situación real, estoy convencida de que todo el mundo hará algo. No se puede esconder lo que está pasando”.

Tengo amigos en Ucrania y en Rusia”
Junto con los ciudadanos de origen ucraniano también hay personas de nacionalidad rusa que se manifiestan contra las guerras y desean que la paz llegue a las calles de Ucrania. Olga Koroleva, Nadia Bobkova y Dimitri Dudin son amigos y hace años que viven en Barcelona. “Tengo amigos en Ucrania y en Rusia. Estoy aquí porque es importante para ellos, y por todos los que no se pueden manifestar”, dice Olga, que recuerda que sus abuelos son ucranianos y que de pequeña pasaba los veranos con ellos.

Nadia añade: “El gobierno no habla por todo el pueblo. La ciudadanía no ha autorizado la guerra, y no puede influenciar a un estado en que no hay libertad de prensa, ni elecciones libres, ni derechos humanos. Los que se manifiestan allí, pueden ir a prisión”. “Ellos sí que son valientes”, continúa Dimitri, que es de madre ucraniana y de padre ruso. Es un firme defensor de la paz, pero no todos sus parientes opinan del mismo modo y el conflicto bélico se ha extendido en el ámbito familiar. Para Dimitri, es “muy importante” formar parte de una concentración multitudinaria como esta.

Presión ciudadana
Entre las personas que han acudido al llamamiento de la plataforma Aturem la guerra, hay manifestantes muy experimentados que gritan ‘No a la guerra’ desde hace décadas. José Robledo, Teresa Castellà y Pep Daviu son vecinos del Eixample y no se cansan de mostrar su solidaridad. Creen en la presión ciudadana para parar la guerra, o cuando menos, intentarlo haciendo presión ante los gobiernos europeos. Reconocen que es difícil, pero inciden en que se trata de ”una invasión que es contraria al Derecho Internacional Humanitario”.
Menos veteranas, pero muy activas, son cuatro compañeras de Fridays for Future, el movimiento juvenil que lucha contra el calentamiento global y el cambio climático, que aseguran que cuidar el medio ambiente está estrechamente ligado con cuidar la paz. “Estamos aquí para apoyar a la gente de Ucrania y porque creemos que luchar contra la guerra y tener un mundo mejor es posible”, resume Marina Molina, mientras Laia Vivas añade: “El movimiento climático y el pacifista están muy vinculados, queremos un mundo mejor”.

Cuatro compañeras de Fridays for Future en la manifestación | Pol Rius
También Marta Marcos Salleràs se pregunta “qué pasará si no se para a Putin, que pasará con la gente de Ucrania?”, y Roxana Caiza se opone “a los actos de violencia contra las personas y a las políticas que hay detrás del sufrimiento de las familias”, mientras recalca que Ucrania es un país rico a nivel de energía y de recursos naturales, y ese es un bien muy preciado.

