
El libro parte de la aportación de Altiero Spinelli a la luz de una Europa federal para llegar a un análisis de la situación y perspectivas de la Europa actual. Hábleme de Altiero Spinelli, ¿cuál fue su contribución a la construcción de una Europa federal?
Altiero Spinelli luchó por primera vez contra el fascismo como joven comunista. Se afilió a las Juventudes Comunistas en 1925, cuando tenía 18 años. En 1927 fue detenido por la policía fascista y condenado a 16 años y 9 meses de prisión. Cumplió 10 años en cárceles italianas. Luego, en 1937, fue enviado a un confinamiento, a una isla del Mediterráneo llamada Ponza y permaneció allí dos años, de 1937 a 1939. Luego fue enviado a la isla de Ventotene, donde conoció a otros internos antifascistas, en particular a un librepensador radical –Ernesto Rossi– y un interno judío de ideas socialistas, Eugenio Colorni. Con estos y otros internos, en particular Ada Rossi, la mujer de Ernesto, y Ursula Hirschmann, la mujer de Colorni, entre 1940 y 1941, mantuvieron un debate, una reflexión, sobre el Estado. Elaboraron un documento llamado Proyecto de Manifiesto por una Europa Libre y Unida, que es básico en la lucha por crear una federación europea; es decir, un sistema diferente de relaciones entre los estados europeos. Este documento, que de alguna manera ha influido no sólo en la Resistencia europea, fue discutido y aprobado en una reunión de los movimientos de resistencia europeos en Ginebra en 1944 y luego en París en un congreso donde participaron personalidades como George Orwell y Albert Camus. El texto fue fundamental para iniciar un debate entre las fuerzas políticas democráticas tras el final de la Segunda Guerra Mundial y reflexionar sobre cómo debían desarrollarse las relaciones entre los países democráticos de Europa para construir un sistema diferente que se podía resumir como los Estados Unidos de Europa.
Usted trabajó con Spinelli en el Parlamento Europeo. ¿En qué consistió su colaboración?
Fui asistente de Altiero Spinelli desde 1977 hasta su muerte, en mayo de 1986. En aquella época en el Parlamento Europeo no había muchos asistentes. Puede que yo fuera el único. Era un joven federalista cuando me llamó para que le ayudara tanto en la Cámara de Diputados italiana –había sido elegido en 1976 como independiente en las listas del Partido Comunista Italiano– como en el Parlamento europeo, para el que fue elegido en junio de 1979. Con él hicimos el viaje juntos. El elemento clave fue la redacción de un proyecto de Tratado que pudiéramos considerar como una Constitución Europea, que allanara el camino hacia una integración política más fuerte y en una dimensión federal. Mi trabajo consistía en ayudar a Spinelli en los contactos políticos, en la redacción de los textos, en los contactos fuera del Parlamento Europeo. También en el ámbito periodístico, donde creamos una revista, en octubre de 1980, llamada “Crocodile: lettre aux membres du Parlement européen”.
Volver a los estados nacionales no resuelve los problemas sociales y económicos
Spinelli dedicó su vida a luchar por una Europa federal. Al final de su trayectoria, ¿creía que era posible?
Spinelli estaba convencido de que el camino hacia una Europa federal era una necesidad, que los retos de Europa y del mundo harían inevitable la transición de la Comunidad a la Unión y luego de la Unión a la Federación a un ritmo que no se podía prever. Estaba convencido de que se tomaría este camino y estaba convencido de que llegaría un momento en que las fuerzas políticas europeas, en particular las de inspiración europeísta, estarían convencidas de que éste era el camino que había que seguir. Sin embargo, esta no era la opinión ni la orientación de los gobiernos. Cuando el Parlamento Europeo aprobó el proyecto de tratado, se optó por una conferencia intergubernamental. Spinelli decía que los gobiernos habían parido un ratón. Quizá fue demasiado radical, porque este tratado ha permitido algunos pequeños avances, en el sentido de que se ha abierto la vía al mercado único, se han otorgado al Parlamento Europeo algunos modestos poderes de carácter legislativo, pero todo lo que el proyecto de 1984 incluía para hacer frente a los retos de la Unión, en particular la creación de una moneda única, una verdadera ciudadanía europea, una política europea, un presupuesto capaz de financiar los bienes públicos que no pueden ser financiados por los Estados miembros, la cuestión de los derechos fundamentales, no estaba en el Acta Única de 1986. Pero el proyecto de Spinelli ha influido en la historia de Europa, porque todos los tratados posteriores, desde el de Maastricht a los de Ámsterdam, Niza y Lisboa han asumido partes del proyecto de 1984. Muchas de las cosas que en 1984 se consideraban utópicas, hoy forman parte del sistema europeo. Todavía faltan muchas cosas, la realidad del mundo con las guerras, la violación de los derechos, las desigualdades económicas y sociales, el cambio climático, muestra que algunas de las propuestas de 1984 tienen que ser realizadas para permitir que la Unión Europea responda a los desafíos de Europa y del mundo de hoy.
Necesitamos una Europa más fuerte e integrada, una Europa federal
Con Emma Bonino ha escrito el libro Para qué sirve Europa. ¿Para qué sirve?
Los Estados miembros de la Unión Europea, que ahora son 27, son incapaces de defender sus intereses internacionalmente. En los dos últimos años, la Unión Europea no ha sido capaz de allanar el camino hacia la paz tras la agresión de Rusia contra Ucrania. La Unión Europea no desempeña ningún papel acerca de lo que ocurre en Oriente Próximo, en particular en la guerra entre Israel y Palestina. La UE no es capaz de gestionar adecuadamente los flujos migratorios de personas que vienen de países donde la gente se muere de hambre, de guerras, de catástrofes medioambientales. Por tanto, debemos crear las condiciones para acoger a estas personas. La Unión Europea es incapaz de gestionar adecuadamente la lucha contra el cambio climático, porque cada país por sí solo es incapaz de hacer frente a estos problemas. Y necesitamos una Europa que haga frente a todo eso. Ciertamente la Unión Europea, con sus mecanismos, ha dado respuesta a la emergencia de la pandemia y el Covid. Los países europeos han sido capaces de afrontar adecuada y eficazmente la lucha contra la pandemia, y juntos han sido capaces de adoptar un plan de intervenciones económicas, con los fondos Next Generation, que con 800.000 millones de euros han ayudado a nuestras economías afectadas por los efectos económicos y sociales de la pandemia. Hemos dado algunos pasos hacia adelante en cuanto a la transición ecológica y hacia la transición digital. Hemos adoptado normas únicas en el mundo en cuanto a la defensa de los derechos de los ciudadanos en un mundo digitalizado. En este sentido, podemos decir que necesitamos a Europa, pero no basta con responder a las emergencias. Necesitamos ser capaces de planificar el futuro. Necesitamos una Europa más fuerte e integrada, una Europa federal.

Vivimos en una época en la que el nacionalismo, el patriotismo, está en alza. ¿Son tiempos difíciles para el federalismo, para el internacionalismo?
Los movimientos nacionalistas y soberanistas están surgiendo y fortaleciéndose en casi todos los países europeos. Lo vimos en las elecciones en Italia, lo vemos en España, en Francia, en Alemania. Estos movimientos nacionalistas surgen porque Europa no ha sido capaz de dar respuesta a los problemas sociales y económicos. La opinión pública suele tener miedo, y por eso los movimientos nacionalistas explotan los temores de la población diciendo algo que es erróneo y falso, como que si la Unión Europea no es capaz de dar estas respuestas debemos volver a los Estados nacionales. Es una respuesta equivocada porque no resuelve los problemas y los temores de la opinión pública. Estoy bastante convencido de que los movimientos nacionalistas y soberanistas saldrán reforzados de las elecciones europeas, pero no saldrán victoriosos. Habrá una minoría más grande de movimientos nacionalistas y soberanistas, una minoría de federalistas, y luego habrá una zona bastante grande de lo que en italiano llamamos un “pantano”, los parlamentarios que llegarán al Parlamento Europeo sin una idea muy clara de la batalla que tienen que hacer. Ganarán en el Parlamento los que sean capaces de convencer a este pantano. Hay que luchar por una mayor integración europea contra la opinión de los nacionalistas y soberanistas, hay que volver a la senda de la federación europea, y esto se hace cada vez más necesario ante la perspectiva de la ampliación de la Unión Europea a nuevos países. Hoy hay 27 países y tenemos la petición de ingreso de países de los Balcanes y de Europa del Este. La Unión Europea de los 27 ya no funciona correctamente. Imaginemos una Europa de 35 países. Será inevitable, en vista de la ampliación, cambiar las normas de funcionamiento de la Unión Europea, por ejemplo, el poder de veto. Debemos reforzar la capacidad de decisión de la Unión Europea para que garantice a sus ciudadanos bienes que no pueden garantizarse a nivel nacional. Estas dos cuestiones, la de los bienes públicos con un presupuesto adecuado y la de la modificación de las normas para que la Unión pueda funcionar correctamente con 35 países, estarán en el centro de la próxima legislatura europea.
En esta nueva legislatura, la derecha extrema va a crecer ¿Por qué crece en tantos países de Europa?
La extrema derecha explota los miedos de nuestra opinión pública. Explota miedos que se basan en una narrativa falsa. Pensemos, por ejemplo, en la cuestión de la inmigración. La extrema derecha lleva años haciendo campaña diciendo que Europa está invadida por inmigrantes que vienen de terceros países. Esto no es cierto, y hay que ser mucho más decidido para decir las cosas tal como son, porque de los 120 millones de refugiados que hay en el mundo sólo una pequeña parte llega a Europa. Sin embargo, la extrema derecha explota este miedo falso e infundado de una invasión de inmigrantes de terceros países. Por desgracia, muchas fuerzas progresistas no cuentan a la opinión pública cómo son las cosas. Deben contar también el hecho de que un continente como Europa, que tiene un problema demográfico y de envejecimiento, necesita recursos humanos y jóvenes, especialmente los que proceden de estos terceros países, sobre todo de África. Es una cuestión en la que tenemos que ser mucho más decididos. Tristemente, al cambiar las reglas de las políticas migratorias, incluso algunas fuerzas progresistas han aceptado una forma de ver las cosas que no beneficia a Europa.
Fuerzas de fuera de Europa financian a la extrema derecha, que tiene como objetivo destruir y frenar el proceso de interacción europea
La segunda cuestión es el medio ambiente. Hay una campaña de las fuerzas de derechas contra lo que llaman la “ideología ecologista”. El planeta se está muriendo de contaminación y por eso todas las propuestas que se han hecho sobre energías limpias, sobre restauración de la naturaleza, sobre políticas agrícolas no contaminantes, sobre transporte no contaminante, el sistema ferroviario, todo eso son decisiones que necesitamos y no son ideología ecologista. Necesitamos vivir en un mundo limpio. Este es el segundo ámbito en el que, por desgracia, las campañas de propaganda de la extrema derecha han influido hasta cierto punto en las actitudes de una parte de la opinión pública. Y el tercer elemento son nuestras relaciones con el mundo. Debemos ser capaces de reaccionar ante las agresiones que vienen de fuera de Europa. Y hay, como sabemos, algunas fuerzas de extrema derecha que ha recibido dinero de dictaduras de fuera de la Unión Europea. El Rassemblement National de Francia recibió dinero de la Rusia de Putin, y, en Italia, la Liga fue financiada por esa Rusia. Estas fuerzas de fuera de Europa trabajan para destruirla y financian a la extrema derecha, que tiene como objetivo destruir y frenar el proceso de interacción europea. Estas son algunas de las razones por las que las fuerzas de extrema derecha están avanzando en nuestros países, y por desgracia los movimientos democráticos no son capaces de dar estas respuestas. Hemos vivido durante años del pensamiento único liberal, que ha creado una situación en la economía europea de rigor financiero, de austeridad, que ha sido incapaz de dar respuestas a los problemas de las partes de nuestra sociedad más débiles y más afectadas por la situación de desequilibrios económicos. Y en esto, también, una parte de las fuerzas de extrema derecha ha jugado con el miedo de la opinión pública.
¿Cómo valora la actitud de Europa ante la guerra de Ucrania?
No fuimos capaces de hacer propuestas que permitieran detener la guerra y entablar negociaciones de paz. La palabra paz ha desaparecido del debate público. Nosotros, por ejemplo, como Movimiento Europeo, creemos que sin duda debemos apoyar la lucha de Ucrania por su independencia y su libertad, pero también debemos pensar en las perspectivas de futuro. Creemos que Ucrania debe ser un país neutral garantizado por la comunidad internacional. Estamos convencidos de que la entrada de Ucrania en la OTAN no es un buen camino. Al igual que Austria entró en la Unión Europea como país neutral, creemos que el camino a seguir por un país tan grande como Ucrania es que su neutralidad debe estar garantizada. Y para garantizar su neutralidad Ucrania, esta es nuestra opinión, no debe unirse a una organización militar. La OTAN, que comenzó siendo una organización de carácter defensivo, está adquiriendo gradualmente las características de una organización también de carácter ofensivo. Hasta ahora la Unión Europea ha sido incapaz de hacer propuestas que allanen el camino hacia un sistema de cooperación y seguridad en Europa. Debería recuperarse la idea de una conferencia para la seguridad y la cooperación en el continente europeo, como el Tratado de Helsinki de 1975. La Unión Europea ha podido apoyar de alguna manera a Ucrania mediante ayuda de carácter económico, ayuda de carácter financiero y, en cierta medida, también ayuda de carácter militar, pero no ha podido abrir el camino a las negociaciones de paz. Es esencial que la Unión Europea se dote de una defensa propia, que hoy no existe. Defensa no significa crear un ejército europeo, sino garantizar la interoperabilidad de nuestras fuerzas armadas. No significa gastar más, porque gastamos más en cuestiones militares que los chinos. Significa gastar mejor, gastar de forma coordinada, para que la Unión Europea tenga, incluso desde el punto de vista de la defensa, su propia autonomía estratégica.
Ucrania debe ser un país neutral garantizado por la comunidad internacional. La entrada en la OTAN no es un buen camino
¿Y en lo que se refiere a la guerra entre Israel y Palestina?
Hay que apoyar la idea de dos Estados, el Estado palestino y el Estado israelí, pero con una condición, que cada uno de los dos Estados reconozca la legitimidad del otro. En Europa hay una campaña que defiende los derechos de los palestinos con el lema «del río al mar». Si uno mira el mapa de esa zona, apoyar la idea de un estado palestino que vaya «del río al mar» significa anular la existencia del Estado de Israel. Y esto no es aceptable. Obviamente debemos seguir defendiendo los derechos humanitarios del pueblo palestino, debemos defender los derechos de los palestinos, no sólo en la Franja de Gaza, sino también en Cisjordania. Y en estas cuestiones la Unión Europea debe ser más decidida, pero cuando se votó en Naciones Unidas el reconocimiento del Estado palestino, algunos países europeos se abstuvieron o votaron en contra. Eso, naturalmente, debilita el papel de la Unión Europea a nivel internacional.
¿Hay que votar en las elecciones europeas del 9 de junio? ¿Con qué criterio?
Hay que votar a los movimientos y partidos que, en primer lugar, rechazan cualquier tipo de acuerdo con los movimientos nacionalistas y soberanistas. Desgraciadamente, hay una parte del Partido Popular Europeo, que en su día se inspiró en el universalismo cristiano, que se ha mostrado dispuesta a pactar con movimientos nacionalistas y soberanistas. Ursula von der Leyen, candidata del Partido Popular Europeo a la presidencia de la Comisión, declaró en el debate entre los Spitzenkandidaten, que está abierta a una mayoría en la que también esté Fratelli d’Italia, diciendo que éste es un partido proeuropeo, lo cual es falso, porque el partido de Giorgia Meloni forma parte de un grupo parlamentario cuyo objetivo es destruir la integración europea. Por lo tanto, en primer lugar, hay que votar a aquellos partidos que rechazan claramente cualquier tipo de acuerdo con los movimientos soberanistas y nacionalistas; es decir, el grupo de Conservadores y Reformistas al que pertenecen Vox, Fratelli d’Italia y el polaco Ley y Justicia y el grupo Identidad y Democracia al que pertenecen Salvini y Marine Le Pen. En segundo lugar, hay que votar a los partidos que apoyan plenamente la causa de la transición ecológica, lo que, ya en los años ochenta del siglo pasado, el ambientalista italiano Alexander Langer llamaba la “conversión ecológica” de nuestra sociedad. Y, en tercer lugar, hay que votar a quienes apoyan la idea de que esta Europa debe ser más democrática, y más solidaria, y por tanto apoyan la idea de que el próximo Parlamento Europeo tiene que asumir esencialmente un papel constituyente, ir más allá del Tratado de Lisboa firmado en 2007 y sustituirlo por un nuevo tratado que abra el camino a una integración europea de carácter federal. Sugiero que se lean atentamente los programas europeos de los partidos y ver cuáles comparten realmente estas opciones prioritarias para la próxima legislatura. Gracias, y buen voto.
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