El Ayuntamiento de Barcelona ha escogido recientemente a José Antonio Donaire, profesor de geografía y experto en turismo de la Universitat de Girona (UdG), como nuevo Comisionado de Turismo. Donaire es un excelente científico y un gran profesional que ha elaborado documentos técnicos y propuestas de regulación muy conocidos. Como miembro activo de la sociedad civil ha participado activamente en la promoción y liderazgo del Compromís Nacional per a un Turisme Responsable. Hasta aquí, no hay nada que criticar, más allá que Donaire y yo no compartamos marco teórico. El hecho a señalar aquí no es la figura de Donaire, sino la intencionalidad y performatividad que se oculta tras su designación por parte del equipo de gobierno de la ciudad. El alcalde Collboni lo ha dejado claro: ‘Pasar de la promoción a la gestión’. Porque de eso se trata, de gestionar una situación, no de cambiarla.
Fue el sociólogo francés, discípulo de Pierre Bourdieu, Loïc Wacquant, el que analizando las dinámicas de cambio social que se produjeron en el Occidente capitalista a partir de los años 70, esto es, el paso del capitalismo fordista al nuevo modelo neoliberal, descubrió y señaló que parte de la nueva forma de hacer política parecía contar con un fuerte componente dramático. Un dramatismo que no se encontraba relacionado con ningún suceso infortunado, sino con la representatividad, es decir, con la teatralización de la vida pública. La política, y los políticos, a partir de ese momento no solo tenían que tomar decisiones y emprender acciones, sino que debían dramatizarlas impulsando el sentimiento ante el cuerpo electoral de que se estaba haciendo algo, se estaba actuando. A un problema evidente, no una solución adecuada, sino una actuación acertada.
La decisión del gobierno de Collboni en relación con la designación de un Comisionado de Turismo encaja perfectamente en este marco de decisiones neoliberal. Tras dos años al frente del Ayuntamiento y sin visos de poder llevar a cabo ninguna medida efectiva en ninguno de los campos en los que un ente municipal tiene competencias, y ante las manifestaciones de descontento que la ciudadanía no solo organiza, sino que también manifiesta en encuestas, informes y noticias, no queda otra que hacer un poco de teatro.
Esta forma de actuar no es exclusiva del actual PSC. Durante el periodo del convergente Xavier Trias se puso en marcha una estrategia similar. La diferencia estribó en que aquella no estaba relacionada con el turismo, sino con la cuestión urbana en general. A través de un recurso discursivo centrado en el concepto de Smart City, Trias quiso hacernos pensar que contaba con la varita mágica para solucionar los problemas de la ciudad: la tecnología, algo imbatible por cuanto, ¿quién puede estar en contra de una ciudad inteligente?
La designación de una persona de una alta cualificación y experiencia científica y técnica como Jose Antonio Donaire permite esta dramatización, trasladando a la opinión pública, no solo que se está haciendo algo sino que, además, se está haciendo contando con los mejores profesionales. Sin embargo, esta acción de tipo fetichista no deja de ocultar otra de las principales características de la problemática turística en una ciudad como Barcelona: que no se trata de poner en marcha medidas de tipo técnico que permitan gestionar la situación, sino de tomar decisiones de profundo calado político que determinen, de una vez y por todas, el futuro del turismo en la ciudad. No se trata de gestionar, se trata de gobernar.
De este modo, lo que necesita Barcelona no es únicamente un Comisionado de Turismo que actúe dentro del marco de unas políticas neoliberales, sino políticos, y también técnicos, valientes y decididos que tomen decisiones conducentes al decrecimiento y la diversificación económica, a la lucha contra el cambio climático y el desarrollo de una vida saludable y activa con unas políticas turísticas para la mayoría, no para el sector turístico.

