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Esquerra amaga con no votar a Iceta como senador para protestar por el ninguneo al que Sánchez le ha sometido tras las elecciones. Lógico. Si es esto, entra dentro de la medición de fuerzas que precede toda negociación. Si es esto. Si es otra cosa, la cronificación del conflicto está servida. No lo creo. El discurso de Junqueras de los últimos meses no va en esta dirección.

La crisis y sus consecuencias nefastas nos han dejado un mercado labral en el que quien tiene trabajo es un privilegiado a quien poco han de importar las condiciones en las que desarrolla su profesión

Para Puigdemont ya nada será como antes del 28 de abril. Y no sólo por los resultados, sino por la fotografía de la sociedad española que emerge de las urnas, contraria a la que pinta desde Waterloo

La casa del carrer Renaixença, propiedad de Victorina, parece un producto de esa mezcla empresarial y alianza a través de los hijos. Al terminarse durante la segunda mitad de los años veinte constituye una muestra del Noucentisme imperante, con elementos decorativos florales, austeridad en su fachada y la belleza del menos es más catalán

Fíjense que no exigimos que sean independientes, imparciales, objetivos, excelentes, sino razonables, simplemente razonables. No son poca cosa unos medios razonables y esa condición, expresada de este modo, no es una ambigüedad.

Me aposento en el sofá del comedor para ver las noticias de la adoctrinadora TV3. Veo que sale la señora Arrimadas. Oigo que dice que en las escuelas catalanas enseñamos a odiar.

Desprecian los medios públicos sin asistir a los debates que convocan, también los desprecian queriendo controlar siempre los contenidos – cierto que unos más que otros – y controlando siempre su dirección.

Hasta esa caída del caballo las casitas con almenas de Renaixença habían sido el lugar donde encontré a un antiguo compañero de instituto besándose con una chica, la puerta de la sospecha en uno de los bajos, ahora tapiada a cal y canto, y la presencia de esporádicos bares en una zona destacable por su ausencia, tanto que en más de una ocasión he atribuido la tranquilidad del Guinardó a su desdén por la hostelería de tapa, cerveza y parroquia.