Ansiedad, depresión, insomnio e, incluso, ganas de quitarse la vida son algunas de las patologías causadas por la precariedad habitacional que los médicos y médicas de atención primaria se encuentran cada vez más en sus consultas. Esta es otra de las caras más amargas de la crisis de la vivienda, que ya hace demasiado tiempo que convive entre nosotros.
El caso de Mari Carmen, la mujer de 87 años que fue desahuciada de la casa donde había vivido durante 71 años, en Madrid, y que murió ayer en el hospital, se ha convertido ya en un símbolo de la lucha contra la crisis de la vivienda; su desahucio hizo resurgir una indignación que estaba latente y ha vuelto a poner en evidencia las consecuencias más graves de la crisis de la vivienda. Vivir con la incertidumbre de no poder pagar el alquiler o la hipoteca, recibir un aviso de desahucio o residir en un hogar con humedades y mal ventilado, temperaturas extremas o en condiciones de hacinamiento y sin espacio personal repercute y deteriora gravemente la salud de las personas, tanto física como mentalmente.
Marcelo Covelo, médico de familia del CAP Drassanes de Barcelona, asegura que «vivir en una vivienda inadecuada empeora de forma importante las patologías crónicas. En verano, estás más expuesto a sufrir desde un golpe de calor hasta el empeoramiento de enfermedades cardiovasculares o a tener descompensaciones de insuficiencias cardíacas. En invierno se agudizan las enfermedades respiratorias. Pero, en general, cualquier tipo de enfermedad crónica se ve agravada si la vivienda no es adecuada».
Covelo ha visto de primera mano en diversas ocasiones cómo la crisis de la vivienda condiciona la salud. A la consulta, explica, «llegan pacientes con insomnio, ansiedad, pero también con trastornos de somatización, que es cuando el sufrimiento emocional se transforma en síntomas físicos, como dolor de cabeza, de estómago, diarreas o estreñimiento». Y añade que «gracias al vínculo que los y las profesionales de atención primaria tenemos con los pacientes, entre los que a menudo hay una relación que es terapéutica, podemos detectar que debajo de este sufrimiento psíquico, emocional y físico, hay un problema de vivienda».
Diversos estudios muestran una clara relación entre las dificultades de acceso a una vivienda adecuada y la salud mental. Entre otros, el elaborado por la Agencia de Salud Pública de Barcelona con miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Cataluña (PAH) y de la Alianza contra la Pobreza Energética (APE) en el año 2018 resalta que el 80% de los hombres y el 79% de las mujeres que forman parte de ella presentaban más riesgo de sufrir mala salud mental. Estos porcentajes eran muy inferiores en la población general de Cataluña, los cuales se situaban en un 14,5% (hombres) y un 19,5% (mujeres). Concretamente, reconocían sufrir depresión y/o ansiedad el 47,7% de los hombres y el 58,6% de las mujeres entrevistadas, frente a un 12,1% y 16,8%, respectivamente, de la población general.
Los determinantes sociales de la salud
La vivienda tiene actualmente la capacidad potencial de reducir o aumentar las desigualdades en salud. «El riesgo de perder tu casa, que es el lugar donde construimos nuestro día a día y desde donde nos proyectamos, acaba afectando a todas las esferas de tu vida, incluyendo la salud en toda su extensión», asegura el Dr. Marcelo Covelo. Y explica que, antes de llegar a un escenario de desahucio o de no poder pagar el alquiler, normalmente «has empezado a comer peor o tienes que ir a un comedor social; no te puedes comprar la medicación que necesitas; o no puedes hacer vida social… lo último que dejas de pagar es la vivienda». Sentimientos de miedo, fracaso y vergüenza a menudo rodean las situaciones de inseguridad residencial. En este sentido, Covelo destaca que, aunque actualmente el discurso social ha cambiado un poco y se reconoce que hay un problema estructural, «hasta ahora había mucha culpa y la gente empezaba a replantearse las decisiones vitales que la habían llevado a esta situación, cuando a menudo no tienen nada que ver, sino que son cosas que pasan en la vida sumado a un mercado inmobiliario que es devorador».
La precariedad residencial y las condiciones y los conflictos laborales son los determinantes sociales que actualmente condicionan más la salud mental de las personas. El Dr. Covelo reconoce que, en un barrio tan vulnerable como el Raval, es una realidad que ven día sí, día también. Y esto implica inevitablemente otra cuestión que se vive demasiado a menudo en las consultas: la creciente medicalización de las problemáticas sociales. Este médico de familia asegura que las personas que viven con el peligro o la amenaza constante de que las van a echar de casa a menudo tienen que consumir psicofármacos para poder salir adelante: «Personalmente, antes de medicalizar a los pacientes, intento que vayan a los sindicatos del barrio porque, desde mi punto de vista, es una herramienta mucho más terapéutica que cualquier psicofármaco; es un lugar donde se encuentra gente en la misma situación, y eso exculpa muchísimo; te hacen ver que esta situación no es culpa tuya y te da herramientas y apoyo que por sí sola no tendrías. Se genera una especie de mente colectiva con la que se aprende a gestionar cada caso, con quién se tiene que hablar, adónde se tiene que ir y con qué tiempos… y, si llega el momento del desahucio, sabes que habrá gente que tal vez no lo podrá parar, pero como mínimo no estarás sola. Para mí, es mucho más terapéutico que un psicofármaco. Aun así, a menudo tenemos que dar uno, porque la gente vive el día a día con un sufrimiento que de alguna manera tenemos que aliviar. Cuando una persona lleva una semana sin dormir porque está preocupada y tiene fecha de desahucio, tal vez hay que recetar un ansiolítico para que pueda dormir y afrontar la situación tan cruda que tiene delante», explica.
En este contexto nació hace ocho años La Capçalera, una organización de profesionales sanitarios que defienden el derecho a la salud y un sistema 100% público, universal, primarista y con perspectiva comunitaria. Covelo es uno de los miembros activos de esta entidad que ahora se moviliza para denunciar el impacto que la crisis de la vivienda está teniendo en la salud de las personas, y para reclamar que se reconozca la crisis de la vivienda como una cuestión de salud pública. En un comunicado, La Capçalera destaca que «lo que ha pasado estas últimas semanas con los casos de Olga y Javier, en L’Hospitalet, y de Maricarmen, en Madrid, son situaciones de extrema gravedad. Pero estos casos no son aislados, son la punta del iceberg de una realidad que vemos cada día en nuestras consultas, hospitales y centros de atención primaria: ansiedad, depresión, insomnio, agravamiento de enfermedades crónicas y otros problemas de salud vinculados a las malas condiciones de las viviendas o las dificultades en su acceso. Y demasiado a menudo, problemas que tienen un origen social acaban siendo tratados como si fueran únicamente problemas individuales o medicalizados, obviando las problemáticas estructurales que hay detrás». Y concluye: «No corresponde al sistema sanitario resolver la crisis de la vivienda, pero sí denunciar sus consecuencias y exigir respuestas cuando las condiciones de vida ponen en riesgo la salud de las personas».
Covelo, miembro activo de La Capçalera, añade que «desde nuestro colectivo podemos hacer principalmente dos cosas: la primera, usar la voz y el rol social que tenemos como sanitarias, porque nos guste o no es una voz que cuenta. La otra cosa que podemos hacer es, desde nuestros CAPs, en nuestras consultas y en nuestros barrios, acompañar, desculpabilizar y escuchar a aquellas personas que se encuentren en una situación así, y darles un lugar donde poder hablar, llorar y sacar todo aquello que llevan encima». En línea con lo que expone el comunicado de La Capçalera, Covelo es de la opinión de que «nuestra responsabilidad como profesionales de la salud no empieza en la puerta del CAP ni acaba con el alta hospitalaria. También implica mirar más allá de la consulta, identificar aquello que enferma y hacer oír nuestra voz ante las causas sociales que hay detrás de muchos de los problemas de salud que atendemos».
Hay miles de condiciones y determinantes que hacen enfermar a la población. Uno de ellos es la inseguridad residencial. Ante esta constatación, hay que reconocer que la crisis de la vivienda se ha convertido también en una crisis de salud pública. También el ámbito sanitario debe hacer visible esta realidad, porque la vivienda también es salud.
