El 19 de marzo Sílvia Orriols anunció que el candidato de Aliança a la alcaldía de Barcelona se presentaría por Sant Jordi. Una semana antes de la fecha, el 16 de abril, tuvo que desdecirse ante los mismos periodistas: la persona escogida se había echado atrás. Buscaban una cara mediática y un buen comunicador, y fueron a llamar a todas las puertas del barcelonismo y del pujolismo reciclado: el publicista Lluís Carrasco, jefe de campaña de Joan Laporta; Sandro Rosell, expresidente del Barça; y el exconseller Jaume Giró, con quien llegaron a reunirse y de quien recibieron una negativa instantánea. Giró rompió el carné de Junts mes y medio después, «por principios, por convicciones y coherencia».
Cuatro días antes del anuncio que acabaría entronizando a Jordi Aragonès como candidato, el Ara publicaba un artículo informando de que, dadas las múltiples negativas, se daba por hecho otro nombre: Lluís Areny, secretario de comunicación, que ya había encabezado la lista de Aliança por Barcelona en 2024 como solución salomónica entre Aragonès y Oriol Gès, que la querían ambos. Volvía a jugar a su favor, decían las fuentes del partido, que no arrastrase pasado de partido —pese a haber militado en Junts entre 2018 y 2021—. Ha acabado de candidato en Sant Quirze del Vallès.
¿Quién es, pues, Jordi Aragonès?
Nacido en Pineda de Mar (1993) y primo del expresident de la Generalitat Pere Aragonès, empezó en Unió de Joves y militó en Unió Democràtica de Catalunya, el partido democristiano de Duran i Lleida. Disuelta Unió, participó en 2013 en la fundación del Moviment Demòcrata Català con el exalcalde de Vic Josep Maria Vila d’Abadal, una plataforma que acabó dentro de Demòcrates de Catalunya, hoy integrado en Junts. La debacle de Junts y el ascenso de Aliança están orgánicamente conectados. En 2020 se incorporó a la fundación de Aliança Catalana con Orriols y los escindidos del Front Nacional de Catalunya. Desde entonces es secretario de Estudios y Programas: quien escribe el discurso, el programa y la estrategia de la casa. Y una curiosidad familiar: el candidato de Aliança y el expresident Pere Aragonès son primos hermanos, ambos nietos de Josep Aragonès, empresario textil y hotelero que en 1963 abrió en Pineda de Mar el Taurus Park, entonces el hotel más grande de España, y que fue alcalde del pueblo de 1966 a 1987. De aquel hotel salió Golden Hotels, hoy ocho establecimientos en el litoral catalán, que preside desde el año pasado el propio Pere Aragonès.
En 2020 se incorporó a la fundación de Aliança Catalana con Orriols y los escindidos del Front Nacional de Catalunya. Desde entonces es secretario de Estudios y Programas
Su presentación en el Centre Cultural del Born sirvió para verlo desplegar las líneas maestras ideológicas del partido. Antes, sin embargo, una declaración de intenciones: de los diez coordinadores de distrito que exhibieron, ocho eran hombres. Aliança no se reivindica feminista —Orriols dedica buena parte de su tiempo a burlarse del feminismo institucional—, pero sí dice defender a las mujeres del yugo del islam, hasta el punto de organizar desde el Ayuntamiento de Ripoll una mesa redonda contra el velo el día contra la violencia machista. La paridad en casa es, por lo visto, una cuestión secundaria.
Y si tomamos el programa electoral de 2024, la novedad tampoco es tanta. El documento, redactado por la misma Secretaría de Estudios y Programas que él dirige, propone tumbar la ley de limitación de precios del alquiler, eliminar el impuesto de transmisiones patrimoniales en la compra de la primera vivienda y suprimir los que consideran contrarios al ahorro, es decir sucesiones y patrimonio. El objetivo que declaran es dar «seguridad jurídica a los propietarios». Lo que propone en vivienda es, casi línea por línea, lo que lleva años defendiendo Junts: los de Puigdemont votaron con el PP y Vox para tumbar en el Congreso la regulación de los alquileres de temporada, el agujero por el que las inmobiliarias esquivan el tope de precios, y el pasado abril volvieron a hacerlo para derogar el decreto que prorrogaba los contratos y limitaba las subidas al 2%.
Pues bien: Aragonès quiere suprimir la regulación del alquiler, suprimir la obligación de reservar un 30% de vivienda protegida en las nuevas promociones y defender los pisos turísticos. Construir más tampoco le parece necesario. En este sentido la diferencia con Junts es de grado, no de modelo: Junts negociaba rebajar el 30%, Aliança quiere borrarlo. Ambos protegen al propietario y ambos empujan hacia el mismo lugar, que acceder a una vivienda digna dependa del bolsillo y de nadie más. Hace veinte años esto se llamaba convergencia y se gobernaba desde el Palau.
Donde el discurso cambia de registro es en la inmigración, donde el despliegue del fascismo patrio luce en toda su extensión: el problema de la vivienda, sostenía, son quienes llegan: «No podemos asumir 50.000 personas al año». Vienen a resolverlo, dijo en el Born, «a aquellos catalanes que se lo merecen», que es la población arraigada de la ciudad.
Racionamiento para los de fuera —no para los expats adinerados, claro—, y desregulación para el mercado. Quién fija los alquileres, quién compra los edificios enteros, quién los vacía para ponerlos en la plataforma: nada de eso aparece en ninguna parte. El propietario, en todo el diagnóstico, no existe.
El barómetro municipal de julio lo sitúa cuarto, con un 3,3% de intención directa de voto, por delante del PP y de Vox y con Junts —primera fuerza en 2023— la última de todas, con un 2,6%. Por delante, el PSC con el 13% y ERC con el 11,1%. Aliança, eso sí, baja: en diciembre era el 3,9%. Y hay un 45,1% de indecisos, que es mucha gente para andar diciendo que esto ya está escrito.
