Es necesario construir más viviendas y hacerlo con urgencia. Pero para que este objetivo se cumpla, también debemos prever las infraestructuras que necesitarán.
Viendo: Habitar
Huellas borradas y presentes del paso de las vanguardias por Barcelona.
El mismo día que ha muerto Mari Carmen Abascal, los sindicatos han anunciado la convocatoria de una huelga general por los salarios y la vivienda para el 11 de noviembre, dos días antes del inicio de la campaña electoral. Su desahucio había sido la chispa de una movilización histórica en todo el país y el símbolo de un malestar por la vivienda que hace años que crece.
Nadie escribirá la historia de Barcelona como él lo ha hecho, para que los barceloneses sepamos que la Barcelona de hoy es el resultado de la perseverancia de muchos y el silencio de unos pocos.
El desahucio de una mujer de 87 años en Madrid ha puesto rostro a un malestar profundo por la situación de la vivienda que hace muchos años que recorre el país. Doce días después, el presidente Pedro Sánchez convoca elecciones e intenta convertir la indignación generalizada en una mayoría electoral. A la vez, CCOO y UGT han acordado convocar una huelga general de 24 horas este otoño para reclamar salarios y vivienda dignos. Pero con la convocatoria electoral hay una pregunta que, a partir de ahora, Sánchez no podrá esquivar: después de siete años de gobierno, ¿por qué Maricarmen tuvo que salir de casa en camilla?
La vivienda se está convirtiendo en un activo. La especulación es defendida, practicada y celebrada. La herencia sustituye al ascensor social. Y de todos los desahucios —los judiciales, los silenciosos y los de quienes no pueden emanciparse— el que más daño hace a nuestra sociedad es el de haber expulsado la idea de que la vivienda es, antes que nada, el lugar donde transcurre la vida. Nuestro hogar. La piedra angular de cualquier proyecto vital digno. Un gran pacto en defensa del derecho a la vivienda urge más que nunca.
Hay una tentación comprensible en la planificación energética: escribir el futuro como si ya estuviera decidido. El PNIEC y la…
Pedro Sánchez convierte la crisis de la vivienda en el campo de batalla de las elecciones del 29 de noviembre. Una jugada muy arriesgada: quiere cabalgar una indignación que también señala a sus siete años de gobierno.
¿Qué pasa cuando las instituciones cumplen el procedimiento, pero el sistema no consigue proteger una vida vulnerable?
Durante años hemos preguntado cuánto gana una persona para saber cómo vive. Quizá nos faltaba una pregunta más sencilla: ¿cuánto le queda después de pagar por tener un lugar donde vivir? Un nuevo estudio pone cifras a esta pobreza oculta y obliga a mirar la vivienda no solo como un problema de precios, sino como una cuestión de seguridad, autonomía, tiempo y futuro.